“Where Sybaritic Cyber Seekers Find Themselves.”  ©

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Posted on Fri, Feb. 28, 2003

FALLECE LA DESTACADA PERIODISTA

HERMINIA DEL PORTAL
ARMANDO ALVAREZ BRAVO
El Nuevo Herald

La periodista cubana Herminia del Portal, que marcó nuevas pautas y proyecciones a la prensa femenina cubana y latinoamericana, falleció el pasado 23 de febrero, en Lompoc, California, a causa de un infarto cardíaco. Tenía 96 años.

''Fue un privilegio conocerla. Era una mujer extraordinaria. Estuve con ella desde los años 50, cuando yo era corrector de pruebas de la revista Vanidades y vi como transformó esa publicación'', dijo el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, ganador del premio Cervantes.

Nacida el 30 de agosto de 1906, en Santa Clara, Las Villas, Del Portal estudió derecho y periodismo en las universidades de La Habana y la Sorbona, en París. Durante su permanencia en Francia hizo amistad con personalidades del rango intelectual de André Gide, André Malraux, Alberto Giacometti y el poeta César Vallejo.

Del Portal fue profesora en la Escuela Normal de Maestros y en la universidad de la capital cubana, donde enseñó francés y periodismo.

La autora del poemario ''Agua de paz'' se casó en 1944 con el gran cuentista cubano Lino Novás Calvo. Durante su activa carrera en el periodismo nacional, Del Portal ganó importantes premios, como el Juan Gualberto Gómez.

En julio de 1960, salió al exilio y se instaló en Nueva York, donde residió hasta 1996, cuando se trasladó a California. En Nueva York, comenzó a publicar de nuevo Vanidades y le dio un rango continental.

''Como publicista era extraordinaria'', manifestó Cabrera Infante. ``Era del grupo de mujeres adelantadas de su tiempo. La suya fue una vida muy plena. Tenía una enorme vitalidad y con su estilo tan suave de contar, contaba cosas extraordinarias''.

'Mi madre, Berta Arocena, fue amiga de Herminia cuando fundó el Lyceum Lawn Tennis Club de La Habana. Su amistad comenzó cuando la recién inaugurada institución hizo un concurso de cuentos y ella lo ganó con un cuento titulado `Miguelito' '', dijo Berta M. Gómez, hija de la fundadora del Lyceum y del periodista Guillermo Martínez Márquez.

La novelista, escritora y profesora Himilce Novás, única sobreviviente de Del Portal, manifestó que uno de los grandes logros de su madre fue lograr la estandarización del español, lo que permitió la enorme difusión y popularidad internacional de Vanidades, que dirigió tanto en Cuba como en el exilio.

Los restos de Herminia del Portal, informó su hija, fueron donados a la ciencia para estudios y trasplantes, ya que durante su larga existencia su salud fue extraordinaria.

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Acaba de morir en el exilio Lino Novas Calvo. El autor de Pedro Blanco, el negrero habia sufrido una serie de embolias en la decada de los setenta. Nunca sabremos de cierto cuanto sufrio Lino en su paralisis, pero si sabemos lo que padecieron con esta muerte en vida su viuda, Herminia del Portal y su hija Himilce Novas

Published on April 25, 1983, Page 9, Nuevo Herald, El (Miami, FL)

 

          Dictionary of Literary Biography on Lino Novas Calvo

A recognized master of the Spanish-American short story, Lino Novás Calvo is noted for his finely honed portraits of marginalized and alienated characters who struggle to survive against formidable odds. Stylistically, Novás Calvo's rendering of quintessentially Cuban popular speech, rhythms, syntax, and forms of expression has exerted strong influence on younger writers. His only novel, El negrero (The Slave Trader, 1933), has also held extraordinary interest for critics who admire the subtlety of its historical re-creation of a Spanish-born slave trader.

The first prominent Cuban writer exiled in the wake of the revolution of 1959, Novás Calvo continued to write in the United States, where he lived until his death. It is difficult to describe his reputation or the reception of his work without taking into account the profoundly pernicious schism that divides "the two Cubas," that is, writers in Cuba versus those living in exile. The critic's task is all the more arduous because after 1960 Novás Calvo turned his fiction into a symbolic weapon to wield against a revolution that he believed had betrayed its own ideals.

 

http://www.bookrags.com/biography/lino-novas-calvo-dlb/

http://www.consellodacultura.org/ccgimaxes/cabeceira.jpg

La Fundación Ortegalia recuerda a Lino Novás con una muestra y un cortometraje dedicados al escritor

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2005/01/19/3385672.shtml?utm_source=buscavoz&utm_medium=buscavo

 

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2014/06/15/lino-novas-calvo-nos/0003_201406G15P20992.htm?utm_source=buscavoz&utm_medium=buscavoz

 

El gallego Lino Novás se adelantó al realismo mágico latinoamericano

Nacido en Grañas de Sor, emigró a Cuba siendo niño y tradujo a Hemingway al castellano
Se reeditan ahora sus obras, que inspiraron la mejor literatura de los escritores hispanos.

El Centro Federico Maciñeira recuerda al escritor Lino Novás Calvo con una exposición

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2005/01/15/3373278.shtml?utm_source=buscavoz&utm_medium=buscavoz

El corto sobre Lino Novás se proyecta dos veces diarias en Ortigueira

http://www.lavozdegalicia.es/hemeroteca/2005/01/24/3400172.shtml?utm_source=buscavoz&utm_medium=buscavoz

 

   

    L I N O   N O V A S  C A L V O

          

             

              

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    EL NEGRERO
       
Lino Novas Calvo

Barcelona: Tusquets, 1999.
Coleccisn Andanzas.
Novela. Encuadernacion artistica.
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ISBN 8483101165. 294 pags.


En bodega. Disponible para envmo inmediato.

 

Denominada por Abilio Estivez como "el mas cruel libro de aventuras que he leido jamas" El negrero de Lino Novas Calvo narra la trayectoria de Pedro Blanco, un hombre que transita por los mundos que se enfrentaban a las leyes que diz que prohibman la esclavitud a finales del siglo XIX.  Contra todos los vientos y mareas de este mundo repleto de contradicciones, se enmarcan las aventuras ensordecedoras de una empresa basada en el comercio humano.  Pedro, el personaje principal, se establece en Africa donde pone su propia factorma de esclavos.  El negrero es su historia, pero es tambiin el relato de las tenaces luchas que se libran en torno a la esclavitud, la crueldad, la rudeza, y el deseo de aventuras.

 

CIEN AÑOS DE UN MAESTRO

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El mundo literario celebra hoy el natalicio de Lino Novás Calvo,

uno de los grandes cuentistas de la lengua española.

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por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ

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El 2003 es, por varias razones, el año de Lino Novás Calvo. Se cumplen siete décadas de la salida de la imprenta de El negrero, su excelente biografía novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava. Hace veinte años que falleció en Nueva York, a consecuencia de una hemorragia cerebral. Y, por último, este 22 de septiembre se cumple un siglo de su nacimiento, de todas las efemérides es la que me ha parecido más idónea para recordar a quien es una de las figuras máximas de la literatura cubana y uno de los mejores narradores hispanoamericanos del pasado siglo.

Un gran, un enorme escritor que, sin embargo, no disfruta del aprecio que debiera y que ni siquiera es suficientemente conocido. No hay que remontarse muy lejos: una obra como El negrero, que Alejo Carpentier calificó de "una extraordinaria novela de aventuras verídicas", tuvo que esperar hasta 1999 para que viese la luz de nuevo. La reedición de Tusquets posibilitó que muchos se enteraran de la existencia del libro, que tuvo entonces una estupenda acogida por parte de la crítica española.

Por ejemplo, el poeta y novelista José Manuel Caballero Bonald comentó: "Aunque parezca una hipérbole ocasional, pienso que Novás Calvo puede alinearse sin ningún menoscabo entre los grandes creadores de novelas de aventuras ambientadas en el mar: Conrad, Stevenson, London, Melville. Incluso es posible que el autor de El negrero vaya más lejos en la auscultación de la crueldad humana y del horror legal de la trata negrera".

La bibliografía de Novás Calvo cuenta, además, con dos títulos, Cayo Canas y La luna nona, que se hallan entre lo mejor que ha dado el cuento en Hispanoamérica. Varias de esas narraciones figuran en treinta y tres antologías aparecidas en Hispanoamérica, Estados Unidos y Francia. Y en cambio, casi medio siglo después de que se publicaran, a ninguna editorial importante se la ha ocurrido recuperarlos. En esta injusta realidad han intervenido varios factores, pero los más influyentes han sido los acontecimientos políticos ocurridos en Cuba en estas últimas cuatro décadas.

En un breve texto aparecido en Babelia, el suplemento literario del diario español El País, Arturo Arango expresaba su extrañeza porque el boom de la novela latinoamericana no hubiese arrastrado consigo a El negrero, al igual que hizo con otras obras aparecidas antes de la década de los sesenta (me imagino que pensaba en títulos de Juan Rulfo, Miguel Ángel Asturias, Juan Carlos Onetti y Carpentier). Las causas son obvias: entonces ni Mario Vargas Llosa, ni Carlos Fuentes, ni Julio Cortázar, ni Gabriel García Márquez hubiesen movido un dedo por ayudar a rescatar y divulgar a un escritor que nunca manifestó su apoyo a la revolución y que, peor aún, año y pico después del triunfo de ésta decidió marcharse al exilio.

Tal opción significaba entonces el suicidio para un escritor o un artista cubanos. Novás Calvo, por si no fuera suficiente, hizo pública además su firme postura anticastrista. A las pocas semanas de haber arribado a Estados Unidos, tras haber pedido asilo en la embajada de Colombia, entregaba a la revista Bohemia Libre el primero de los dieciséis artículos en los que se ocupó de la realidad de la Isla. Algunos de los títulos reflejan de manera clara y elocuente su contenido: 13 mentiras de la propaganda castrista; Galeras, bartolinas y paredones en la Cuba de Castro; Lo que entonces no podíamos saber y la serie de seis trabajos Cuba, primer estado bolchevique de América. Etapas de liquidación de una Democracia.

El precio que tuvo que pagar Novás Calvo fue desmesurado, pues significó, en primer lugar, su muerte civil como escritor. En Cuba se le dejó de publicar y su nombre fue eliminado del mapa literario. José Antonio Portuondo y Salvador Bueno, los dos críticos que con más entusiasmo lo apoyaron en su momento, acataron la política oficial y a partir de ese momento ignoraron a quien —en varias ocasiones— proclamaron como el mejor de nuestros cuentistas.

Bueno, que le había incluido antes en dos antologías, preparó en 1975 el volumen Cuentos cubanos del siglo XX, en el cual no sólo lo excluye, sino que ni siquiera menciona su nombre en el prólogo. Portuondo, por su parte, nunca más reprodujo su excelente trabajo Lino Novás Calvo y el cuento hispanoamericano, que aparece únicamente en la edición mexicana de Teoría y práctica de la literatura. No menos implacable fueron el ostracismo y la exclusión que padeció en el destierro. Como a otros compatriotas y colegas suyos, jamás se le invitó a un congreso, jamás Ángel Rama, Julio Ortega o José Miguel Oviedo le dedicaron un artículo, ni ninguno de sus libros fue tomado en cuenta para una traducción o una reedición. En el sistema clasificatorio de los académicos e intelectuales de izquierda, el escritor cubano exiliado no tenía cabida en el panorama literario latinoamericano, que se convirtió así en un club exclusivo, cuyos patrones se reservaban el derecho de admisión.

Silenciado por razones ajenas a sus méritos literarios, Novás Calvo dejó, sin embargo, una obra cuyos valores son incuestionables y que perdurará por encima de las doctrinas políticas. Ahí está, por ejemplo, El negrero, un texto precursor en más de su sentido, y que tanto aportó a la búsqueda de nuevos caminos expresivos de nuestra narrativa, que aún se mantenía fiel a los patrones del realismo de corte naturalista. Novás Calvo escribió un libro que se ciñe a los hechos fidedignos, y al mismo tiempo los toma como punto de partida para la fabulación y el despliegue imaginativo.

Ensaya así una vía que décadas después retomarán —desde otros presupuestos— autores como Carpentier, Abel Posse, Fernando del Paso, Tomás Eloy Martínez y Homero Aridjis. Asimismo, se anticipa algunos años a títulos como Yo, Claudio, de Robert Graves, Los Idus de Marzo, de Thornton Wilder, y Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar. Ese mestizaje de historia y ficción que hallamos en El negrero, ese esfuerzo por llenar los huecos de la vida de Pedro Blanco (no cubiertos por los documentos), concuerda con la idea de Marcel Schwob de que los novelistas deben completar la labor de los historiadores.

El negrero es, además, una biografía poco ortodoxa. En primer lugar, su autor se desmarca de los biógrafos tradicionales al escoger un personaje que es todo lo opuesto a una figura ejemplar. Difícilmente puede tomarse como modelo a seguir a este hombre, que no vaciló en lanzar al mar a setecientos negros para evitar que su bergantín fuese capturado por la justicia; que actuó con un gélido maquiavelismo para fomentar la división entre las tribus; y que impuso su leyenda a base de artimañas y engaños.

Novás Calvo traza su proceso de degradación moral, que lo lleva a convertirse —gracias al negocio de la trata— en un traficante de esclavos, tan poderoso como un emperador o un rey. Nos va mostrando su inmersión en ese mundo de rapiña, crueldad y vandalismo, en el que cada suceso significa un paso más hacia su destrucción final. Eso no impide al autor —y éste es uno de los muchos aciertos de su libro— presentar a un rufián depravado que es, a la vez, valeroso, extraño, espabilado y ambiguo. Tan imponente y fascinante es el Pedro Blanco recreado por él, que acabó influyendo en las aproximaciones históricas que después se han realizado sobre el personaje real.

Pero fue sin dudas en el cuento donde la obra de Novás Calvo logró sus máximas cotas de calidad. Hay unanimidad entre críticos e investigadores en considerarla como el momento más alto que ha alcanzado el género entre nosotros. Sus valores y aciertos, sin embargo, no se reducen al ámbito cubano, y como ha señalado Guillermo Cabrera Infante, "cuando un día se escriba la historia definitiva del cuento en América se verá que Lino Novás Calvo está entre sus maestros: Horacio Quiroga, Borges, Felisberto Hernández, Juan Rulfo, Virgilio Piñera, Adolfo Bioy Casares, para citarlos en orden cronológico". Y agrega: "Novás Calvo es el único escritor cubano que reconozco como un antecedente literario: después de leer su cuento Angusola y los cuchillos, mi idea de una literatura cubana cambió radicalmente, es decir, desde las raíces de la narración. Aquella noche salieron los muertos, La noche de Ramón Yendía, La visión de Tamaría (y observen, por favor, la felicidad de esos nombres propios: Amiana, Yendía, Angusola, Tamaría) son otras tantas obras maestras y anotarlas todas sería hacer listas".

Con Novás Calvo, el realismo amplía sus horizontes, gana en libertad formal y profundidad y se enriquece con matices hasta entonces inéditos en nuestra prosa de ficción. Lector de los narradores norteamericanos modernos, traductor él mismo de algunos de ellos, se nutre de la nueva escritura realista que cultivaron Hemingway, Faulkner, Dreiser, Dos Passos. Asimila sus procedimientos técnicos para abordar personajes y ambientes inequívocamente cubanos, que recrea sin falsos pintoresquismos ni afán testimonial. Bucea así en la vida cotidiana en las zonas rurales, los cayos y los solares habaneros. Estos últimos son presentados por Novás Calvo como un microcosmos que, por su carácter integrador, ilustra nuestra identidad, ese caldero donde se han fundido diferentes razas y culturas.

En narraciones como La luna de los ñáñigos (rebautizada después como En las afueras) y Cayo Canas, se acercó al trasfondo mítico de las religiones afrocubanas, pero no cayó en el inventario de orishas ni en la sobrecarga folclórica. Le interesaba más indagar en los efectos sicológicos que producen. En ese aspecto, y como ha señalado Ambrosio Fornet, al descubrir el subsuelo mítico y misterioso de la cosmogonía de los santeros y los ñáñigos, y al elaborar un estilo que la expresase en términos modernos, Novás Calvo le dio a lo cubano una fuerza trágica y artística que lo universalizaba.

Otro de los aciertos de Novás Calvo es su tratamiento del lenguaje coloquial cubano. Del mismo modo que no copia la realidad, sino que la recrea hasta transformarla en otra distinta y sugestiva, no transcribe taquigráficamente el habla popular, sino que aprehende sus valores poéticos, su ritmo, su sintaxis quebrada y constante: "Muchachos, no lo toquen. Les digo que no lo toquen porque algo ha de pasar si lo tocan. Él es como su padre. No lo toquen, háganme caso. Yo conozco a su padre, y sé que éste es el padre mismo vuelto a hacer. Háblenle, pero un dedo encima no le pongan".

Está también la inolvidable galería de personajes a los que Novás Calvo dio vida en sus narraciones: chóferes, negros, carboneros, chinos, costureras, emigrantes españoles, campesinos, contrabandistas, que concibió a partir de modelos reales conocidos por él, cuando desempeñó los oficios más humildes y terribles a los que obliga la sobrevivencia. En sus mejores cuentos, esos personajes se ven enfrentados a situaciones-límites que ponen a prueba su capacidad de respuesta, y que a menudo conducen a desenlaces trágicos.

El más conocido de todos es el taxista de La noche de Ramón Yendía —uno de sus textos antológicos—, a quien su miedo y su sentimiento de culpabilidad llevan a la autodestrucción. No menos memorables, sin embargo, son los protagonistas de Cayo Canas, Un dedo encima, La luna nona, Hombre malo, Ojos de Oro y Un "bum", en los que la angustia del ser humano y el carácter absurdo de la vida adquieren una profunda proyección existencial.

Caracteres e historias aparecen ensamblados en un tejido narrativo trenzado con primor y habilidad, lo cual evidencia un admirable dominio técnico al que resulta difícil verle las costuras. Hay, en primer lugar, un uso muy inteligente de la elipsis: buena parte de la eficacia de sus textos descansa más en lo que oculta, que en lo que dice. Novás Calvo presenta las situaciones sin exponerlas explícitamente, y prefiere suministrar al lector detalles que ayudan a revelarlas.

Asimismo, las descripciones de los ambientes están hechas con unas pocas pinceladas, y nunca son decorativas ni accesorias. Más que describir, el escritor sugiere. Su concepción amplia y libre del realismo lo lleva, además, a incorporar el monólogo interior, los enfoques cinematográficos, el flujo de la conciencia, los saltos temporales, el plano onírico y del subconsciente y una estructura fragmentaria que nunca entorpece la lectura.

Todo ello justifica por qué José Antonio Portuondo no dudó en expresar que Novás Calvo es "el primero entre los cuentistas de lengua española", y —entre los cubanos— "el de mayor sabiduría formal, el más preocupado por lograr una técnica que ajuste el viejo molde a las nuevas necesidades expresivas".

                                                           

ACABA DE APARECER:

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Otras maneras de contar
Novás Calvo, Lino

Novedad de Enero de 2005

 

España (01/01/2005)
ISBN: 84-8310-294-3
424 pág.
19,23 € (IVA no incluido)

Un huracán que desvía el rumbo de un barco cargado de una mercancía «prohibida»; el acoso nocturno al que se ve sometido Ramón Yendía, un taxista que ha colaborado con las fuerzas victoriosas y las vencidas; las extremas condiciones de vida en una isla donde se explota a «libres» y a «esclavos»; la fantástica danza de los cuchillos que Angusola suele ejecutar, capaz de asustar para siempre a su futuro yerno; la noche en que un zafrador le confiesa a otro su terrible pasado; la caza de Fillo Figueredo, un juego al que se entrega un grupo de chiquillos... Los veinte cuentos seleccionados en este volumen –algunos inéditos o nunca editados en libro, otros escogidos de las recopilaciones publicadas en vida del autor– hablan de la lucha por la supervivencia y por la tierra, de los orígenes de la violencia, de la locura alimentada por la miseria, así como de la venganza y el malentendido fatales, y ofrecen una imagen cabal de todos los universos visitados por Lino Novás Calvo, desde entonces inolvidables.

Hay que leer OTRAS MANERAS DE CONTAR, de Lino Novás Calvo

PORQUE da la oportunidad de volver a practicar la lectura exigente y madura de un fundador de la literatura latinoamericana del siglo XX. El cubano Novás Calvo formó parte del proyecto narrativo más ambicioso del siglo pasado: el que encabezaron Asturias y Carpentier y continuaron Rulfo y García Márquez. Su novela El negrero de 1933 inaugura dos líneas de relatos: la que desemboca en el ámbito de lo real maravilloso y la que conduce al testimonio antropológico. Los cuentos de Novás Calvo son un prodigio de pericia verbal y versatilidad imaginativa. Escapado de la revolución influyó, sin embargo, en los cuentistas cubanos de los 60. Rescatar a Novás Calvo permite la reformulación de un mapa literario en el que se renuevan los precursores y los continuadores. (Tusquets/Urano)

                                                                                                               Diario El País (Uruguay)

  

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FINA CANELA CUBANA
 

DOMINGO RÓDENAS DE MOYA
drodenas@elperiodico.com
OTRAS MANERAS DE CONTAR
Autor:
Lino Novás Calvo
Editorial: Tusquets
Páginas: 416
Precio: 20 €

Entre las agresiones que sufre el lector acribillado por la literatura deshuesada está la privación de escritores como el cubano Lino Novás Calvo (As Grañas do Sor, A Coruña, 1905 - Nueva York, 1983). Muchos lo leen inadvertidamente por cuenta de William Faulkner (Santuario) o Aldous Huxley (Contrapunto), a quienes tradujo de forma solvente, pero pocos han saboreado su vigorosa narrativa. Y ello a pesar de que en 1999 Tusquets recuperó su novela El negrero (1933), lo que dio pretexto a Guillermo Cabrera Infante para decir que en Cuba no reconocía más antecedente que Novás y que figuraba en el panteón de los grandes narradores breves: Borges, Rulfo, Quiroga, Bioy, Felisberto Hernández... Para ratificarlo, he aquí Otras maneras de contar, antología de sus cuentos que evoca su último libro, Maneras de contar, aparecido en 1970 en Nueva York, 10 años después de que se exiliara en EEUU tras la revolución.


Cuentos sobre la Cuba más profunda, la de la religiosidad mágica de raíz africana, pero también la Cuba humilde de campesinos, chóferes, bailongos y costureras que no representan ningún drama de clase sino a sí mismos en su pulso contra la muerte. Esté tranquilo quien desprecie el costumbrismo de la bagatela. La escritura de Novás huye del realismo notarial, de lo pintoresco y del folclorismo hacia la universalidad de sus historias, a pesar de que su geografía humana y lingüística es depuradamente cubana. Cuentos inolvidables, capaces de una intensa descarga de experiencia vivida gracias al diestro empleo de técnicas modernas como el monólogo interior, la narración elíptica y fragmentaria y el montaje de cine. Sin exagerar, escuela de narradores.

                         

La Jiribilla | LA OPINION

 

LINO NOVAS CALVO RECOBRANDO

"Ahora comienzan a reeditarse sus obras en Cuba, quizás debiera decir más apropiadamente que se están editando por primera vez, ya que todos sus libros tuvieron que ser publicados en el extranjero antes de la Revolución debido a la ausencia de una industria editorial nacional. Lino Novás Calvo pertenece por derecho propio -a pesar de sus incongruencias ideológicas y su abandono del suelo patrio-, a la cultura nacional." 

 Lisandro Otero | México

En septiembre de 1951 Salvador Bueno impartió una conferencia sobre el escritor Lino Novás Calvo en la sociedad Nuestro Tiempo. Ese mes los recursos de la Sociedad no alcanzaron para pagar la factura de la electricidad y cuando comenzaba la disertación se produjo un apagón que nos dejó sumidos en una relativa oscuridad. La iluminación que nos llegaba desde la calle mostraba que aquel local era el único interrumpido: no se trataba de un corte generalizado sino un humillante anuncio de nuestra inopia. En la penumbra aparecieron varias cajas de velas y atendimos el discurso envueltos en un ambiente de bujías crepusculares.

Recuerdo que fundamos la Sociedad en una noche de 1950 en un aula del Conservatorio Municipal de Música. No pasábamos de dos docenas quienes nos reunimos allí. Se leyó y firmó un manifiesto algo retórico. Nuestro Tiempo fue un intento de los jóvenes intelectuales de mi generación para enfrentar colectivamente la incuria oficial hacia la cultura, para definirnos en torno a la expresión de la identidad nacional, para acercarnos al compromiso político mediante un acentuado humanismo.


Lino Novás Calvo no pertenecía al mundo de los clérigos de la cultura pues se había autoexcluido de toda ortodoxia y vivía apartado. Ese extrañamiento, su exilio interior, nos lo hacía mas simpático pues no compartía el festín con los depredadores.


El quince de septiembre de 1951 publiqué en el periódico Excelsior un artículo titulado "Proyección de Lino Novás Calvo", en el que me refería al recién efectuado homenaje de los jóvenes como "sintomático de una depuración y revisión de valores que la nueva generación está haciendo". Decía entonces: "Se le empieza a reconocer, por lo menos entre la gente joven, como la figura literaria mas importante en lo que va del presente siglo y una de las mas logradas de toda nuestra historia... Ha contribuido a introducir en todos los pueblos de habla hispana la lectura de los modernos autores anglosajones: William Faulkner, D.H. Lawrence, Ernest Hemingway, John Dos Passos, Aldous Huxley, etc., cuya influencia se ha dejado sentir fuertemente sobre las recientes producciones literarias cubanas... Muy pocos, en la historia cultural de Cuba, han introducido corrientes de ideas y de estilos en la forma en que él lo ha hecho.

Una semana después de haber publicado mi artículo recibí una carta de Lino Novás donde me decía: "Con agradable sorpresa y gratitud he leído el artículo que me dedica en El País. Cargo a su fervor juvenil lo que hay de excesivo en el elogio y agradezco muy sinceramente su generosidad. Por su medio quisiera hacer extensiva esta gratitud al Grupo Nuestro Tiempo por las atenciones que ha tenido hacia mi. Mis votos más sinceros por que realicen ustedes la obra literaria que nosotros, los de la generación precedente, no hemos podido realizar."


Esta última línea es sintomática de la frustración en que vivía sumido entonces. Más tarde supe que su depresión había comenzado por una toma de conciencia de su desajuste social. Era profesor de francés en la Escuela Normal, donde fue nombrado durante el gobierno de Grau San Martín, y sufrió un infortunio burocrático: fue cesanteado cuando la presidencia de Carlos Prío. Planteó en el Ministerio de Educación su restitución pero no fue atendido. Acudió inútilmente al ministro Aureliano Sánchez Arango. Golpeó contra inconmovibles paredes administrativas. Para colmo, cierto día un ujier le tumbó de un manotazo su sombrero de pajilla, advirtiéndole que debía tener mas respeto y descubrirse en las oficinas del señor Ministro. Esto le pareció el colmo de la afrenta.


"Experimenté un trauma psicológico", me confesó después; requirió de algunas de las personas mas notables de la inteligencia cubana para una cosa nimia y no lo sirvieron. "Entonces me dije que yo no valía nada y lo que hacía no valía nada tampoco. Lo que se escribe es una mercancía que si no tiene demanda -ni siquiera entre la gente culta-, uno no tiene trascendencia y no puede seguir haciendo lo que no es aceptado."


Ser escritor era una categoría superflua, insignificante y desdeñable. Cualquier ávido mercader, el mas inservible chupatintas oficinesco, un incapaz cacique de partido político, recibía mas lauros y gratificaciones y detentaba mayor autoridad y prestigio. Se sumió entonces en un estado de ánimo taciturno, comenzó a beber en demasía y su agobio y su desesperanza le impidieron escribir de nuevo. Se dedicó únicamente a sus traducciones y finalmente se ubicó como jefe de redacción de la revista Bohemia.


Fue allí que le conocí un tiempo después. Me aventuré hasta su mesa de trabajo situada, junto a la de otros redactores, en un salón oscuro del viejo edificio de la calle Trocadero. Llevaba en la mano una colaboración para la revista. Confieso que me obligué a vencer mi cortedad debida al deslumbramiento que me suscitaba el gigante de las letras cubanas. Para mi sorpresa el gigante resultó ser un hombre enclenque, de voz tenue y quebradiza, con inmensos espejuelos redondos que le prestaban un aspecto de azoro permanente, concordante con su tímida acogida. Vestía criollamente de guayabera y lazo de mariposa.


En los años venideros le frecuenté en la redacción de la revista donde sosteníamos largas conversaciones. Intenté llevarle alguno de mis cuentos pero me desalentó aconsejándome que desistiese de la literatura. Me resultaba sumamente aflictiva esa recomendación viniendo de quien tanto apreciaba. Siempre leyó con desinterés mis reportajes y crónicas y nunca me hizo sugerencias; ejercía con apatía y desgano su función. Aparentemente se ocupaba de un oficio para ganarse el pan cotidiano y nada más.


Con nuestras charlas informales fui confeccionando un listado de tópicos y un día me aparecí ante él con una gigantesca grabadora de cinta (aun no se habían inventado las de casete), y comenzamos a repasar los temas de nuestros diálogos ante un micrófono. Intenté escribir un texto sobre su vida y su obra, pero las circunstancias lo impidieron: transcurrían los últimos y mas violentos tiempos de la dictadura batistiana y no estaba el horno para bizcochos, así que el proyecto quedó trunco aunque conservé la cinta grabada que doné, muchos años después, al Archivo de la Palabra de la Casa de las Américas.


En nuestro intercambio indagué sobre el punto de partida de su creatividad: ¿su invención se desataba con temas o caracteres? Confesó que casi siempre un hecho dramático -una mala impresión- se albergaba en él y se confundía con otras sensaciones y remembranzas hasta que pugnaba por salir en una objetivación. El relato "Un dedo encima" (que recibió el Premio Hernández Catá en 1942), surgió de una visita a casa del pintor Carlos Enríquez. Se habló de un muchacho que le recordó a otro que él conocía en el barrio de Pueblo Nuevo y de una simbiosis de ambos surgió el protagonista. El argumento lo montaba después sobre la base de la primera percepción.


En su narrativa predominaba la acción porque de ideas no sabía nada, dijo, aunque de acción sabía demasiado. Las ideas tienen otro medio de expresión en el cual la novela no debe incursionar. En ese error han caído grandes novelistas como Thomas Mann. La cualidad principal de un escritor era, desde luego, la imaginación. También se necesitaba el estro poético y un olfato para la armazón, una mente que supiera construir.


Uno de los problemas mayores de sus experimentos literarios -al fin y al cabo, afirmaba, toda su obra era una sucesión de experimentos-, lo constituía el balance entre el diálogo y la narración. El diálogo tiene una dificultad: para ser fiel debe ser necesariamente pedestre. La narración pura, la simple exposición de hechos, puede resultar demasiado densa. Se sentía mejor narrando porque disponía de más libertad.
No creía que había novelísticas sino novelistas. En nuestro mundo caótico hay novelas de todos los géneros y demasiadas escuelas para que se establezca ninguna coherencia. Podía haber una actitud común en determinados grupos de literatos que les otorgase cierta uniformidad dentro de la variedad.


En Francia había dos escritores fundamentales: Malraux y Celine. En Estados Unidos: Sherwood Anderson y Hemingway. También admiraba a Eric María Remarque. Según Salvador Bueno, otros autores que le influyeron profundamente fueron Gorki, Caldwell, Steinbeck, Panait Istrati y Conrad. Realizó excelentes traducciones de Faulkner y Balzac. Su versión de Contrapunto de Aldous Huxley aún es considerada la mejor en lengua española.
El autor que mas le impresionó, cuando comenzaba a escribir, fue Anderson y de él, su Winesburg, Ohio. Estudiaba inglés y esa obra le cautivó por la sencillez de su estilo y la construcción de sus personajes. Le envió una carta al autor; le respondió y sostuvieron una correspondencia. La Biblioteca del Congreso le solicitó, años después, las cartas de Anderson pero las había perdido.


Lino Novás fué uno de los pocos amigos cubanos de Ernest Hemingway. Le frecuentaba en la finca Vigía y tradujo al español El Viejo y el Mar. A Hemingway lo estimaba un clásico. Su forma era bastante innovadora, "sobre todo esa manera que tenía de usar monosílabos nórdicos," afirmaba Novás. Había roto la tradición imperante en la novelística angloamericana. Pero a la larga mas que un innovador fue un inmenso escritor "que entregó un gran mensaje a la humanidad". En sus últimos tiempos Novás huía de los experimentos y retornaba a las maneras mas sólidas de la expresión. En sus novelas siempre había un tema dominante: el hombre débil y desconcertado de nuestro tiempo era situado frente a un riesgo y se ponía a prueba la resistencia del espíritu humano: se observaba hasta donde el hombre era capaz de resistir las brutalidades que le rodeaban. Lograr eso fue algo superior a sus experimentos con la forma.


Faulkner fue un experimentador que recibió la corriente de Joyce, era más poético que Hemingway; fascinaba, alucinaba, envolvía; era mágico. Con los años se fue amanerando: repetía los mismos personajes y ambientes. Nunca tuvo el don de saber construir, que poseyó Hemingway. Proust y Joyce compartieron un rasgo: establecer una corriente de la conciencia, ir dando lo que fluía en su pensamiento sin cuidar al lector. Proust llegaba a un público más vasto porque usaba un lenguaje mas inteligible, en tanto que Joyce era para minorías. No había quien entendiese una página completa de Finnegan's Wake; lo leía con frecuencia pero era música. Leer a Proust y a Joyce constituían ejercicios importantes de levitación. A Salvador Bueno le refirió que, en los años que vivió en París, atravesaba con frecuencia la Place Dauphine, donde solía almorzar Joyce en el restaurante Le Vert Galant, para observar a aquél "monstruo de poesía".


La novela policíaca era una pieza de distracción, opinaba. Incluso los crímenes que se cometen no son tomados en serio por el lector: en consecuencia alivian, no oprimen. El agobiado hombre moderno demanda este escape para huir de responsabilidades y de su inestabilidad. La novela policíaca cuenta con héroes que resuelven todos los problemas, y el hombre actual, que ha perdido la fe, necesita a un superhombre, el detective, una especie de Don Quijote de nuestro tiempo que se dedica a deshacer injusticias. El género policíaco se ha convertido en la novela caballeresca de esta época. Es también la novela pura: no dispersa la imaginación; cuando está bien construida marcha directamente hacia un fin. En ninguna otra forma literaria se ha derrochado tanta técnica ni se han refinado tanto los dispositivos del arte de contar como en la novela policíaca. Crimen y Castigo y Macbeth pertenecen al género. En las colecciones de Ellery Queen se incluían narraciones de Faulkner. Leía asiduamente la revista Manhunt que traía lo mas moderno en ese tipo de literatura.


Escribía historias de ése corte porque eran populares, pero nunca puso mucho interés en hacerlas: simplemente creaba una trama y la desarrollaba. Le parecía necesario establecer el cuento policíaco en Cuba donde no existían antecedentes y había abundantes temas aprovechables, buen ambiente, atmósfera y personajes. "Daba lástima desperdiciar esos materiales". A él se debe la primera novela policíaca cubana, Un experimento en el barrio chino, publicada en Barcelona.


Lino Novás Calvo nació en Granas del Sor, Galicia, España, en 1905, bastardo de una madre costurera. Su infancia transcurrió en misérrimas condiciones. Vino a Cuba en 1912. Recordaba que La Habana lo aturdió a su llegada, mareado por el largo viaje por mar. "No venía de ningún país, venía de un monte y de ése monte, meterme en una gran ciudad... aunque La Habana de entonces era chiquita pero en comparación con la aldea donde yo nací resultaba bastante grande."


Después tuvo la "chifladura" de ser boxeador. Comenzó a entrenarse en una azotea por la necesidad de compañía. Se sentía bastante solo y buscaba un grupo para integrarse: el hombre debe vivir colectivamente; como boxeador pertenecía a algo, aunque no tenía condiciones porque era enclenque. Frecuentó el gimnasio de Mike Castro hasta que en un combate le propinaron un "nocao" y se retiró.


Hay quien narra solamente sus experiencias personales pero también existe la imaginación. Existen distintos tipos de imaginación: él nunca habría podido ser pintor. Estimaba indispensable, si no se han vivido las cosas, asimilarlas con la observación. Balzac escribía para ganar dinero "y cuando le preguntaban cómo había conocido su mundo, cómo lo había vivido, respondía: nunca pude vivirlo, necesité todo el tiempo para escribirlo."


Cuando hizo sus primeras letras trabajaba en una fábrica de sombreros. Decursaba 1928 y existía una mala situación económica en el país. Conoció a un compañero de trabajo: un buen hombre que pasaba por una grave penuria y sintió la urgencia de conminarlo a que despertara, decirle que estaba dormido en el mundo. Le dio por garabatear unos versos, el primer poema proletario, dijeron después, que se escribió en Cuba; lo envió a la Revista de Avance y lo publicaron con el nombre de Lino María de Calvo. Francisco Ichaso fue a buscarle (o Juan Marinello, no recordaba bien), para que continuara creando. Fue un estímulo que le animó a proseguir. Los animadores de la Revista de Avance le obtuvieron un empleo en una librería donde disponía de tiempo suficiente para dedicarse a leer intensamente.


En 1931 se fue a España porque "aquí las cosas se ponían muy mal y ya había comenzado a tirar unas cuantas piedras por la calle San Rafael", la situación económica era difícil. Vino la República Española y José Antonio Fernández de Castro, jefe de redacción del semanario Orbe, le propuso una corresponsalía donde le pagarían diez pesos semanales, con eso se podía sobrevivir en España. Después le rebajaron el salario a la mitad cuando la publicación vino a menos. Esa coyuntura le permitió salir de Cuba.


En Madrid transcurría la mayor parte del tiempo en la biblioteca del Ateneo, haciendo traducciones. Conoció a Valle Inclán, visitaba a Unamuno, no iba a tertulias. El intelectual que más fuertemente le impresionó fue José Ortega y Gasset. Fue amigo de su secretaria, Lolita Castilla y comprendió mejor su personalidad a través de ella: vio al hombre tras el escritor.
La admiración que le suscitó Ortega no tuvo paralelo en ninguna otra persona que haya conocido. Poseía una gran claridad mental y una óptima condición humana ("buena persona que era"). Se caracterizaba por su sencillez y precisión. Llegaba a su oficina y dictaba un ensayo que utilizaría después en sus clases, y lo publicaría también en la Revista de Occidente: lo verbalizaba de principio a fin y "no lo revisaba siquiera, no le quitaba una coma ni un punto: salía tal como la secretaria lo tomaba, así mismo iba para el papel."


Ortega era luminoso, me confesaba Lino: ejercía una fascinación en las personas que lo rodeaban. Sentía celos de él a causa de algunas alumnas que conocía. Le profesaban tanta admiración que bastaba que él les diera una cita, o les permitiera hacerle una pregunta, para que se transfiguraran con la emoción trasladándolas a otro mundo. El no pretendía ejercer este dominio sobre los demás porque no era pedante, su espontánea manera de ser le acarreaba autoridad sin proponérselo.
En los años treinta se aficionó a las motocicletas. "A todo el mundo le gusta la velocidad -afirmaba-, es una forma de emborracharse".Tuvo un amigo mecánico que disponía de un vehículo y, como no contaba con otras distracciones, se dedicó a correr por las carreteras. Después de un accidente dejó ese pasatiempo.


En esa década visitó Alemania en el período de auge del nazismo. Calificaba ese viaje como "una expedición al fondo del mar". Escribió una serie de reportajes titulada Sordo y mudo por Alemania. Le dejó muy hondas huellas aquella incursión por un medio tan diverso al que conocía. Los alemanes son un pueblo curioso y dinámico. Lo miraban "como un bicho raro" o lo tomaban por japonés.


En Berlín le ocurrió un incidente chaplinesco: sin saber cómo se vio metido en un desfile de camisas pardas. No podía salir por ningún lado, las juventudes hitlerianas lo rodeaban marchando; tenía que seguir adelante y ellos con el brazo tendido, saludando a la manera romana como acostumbraban. Lo dominaba el temor que algún fotógrafo pudiera captarlo y lo confundieran con los nazis, con los cuales no tenía nada que ver.


De la Guerra Civil Española conservaba un recuerdo espantoso. La injusticia que genera una guerra, el caos que prevalece, le dejaron la peor impresión. En los primeros tiempos hubo iniquidades, pagaron inocentes. El miedo transforma a los hombres: "hay personas normales que se convierten en monstruos". Las ejecuciones en frío lo horrorizaron. Los hospitales de sangre, con acumulación de heridos y sufrimientos sin paralelo, le motivaban deseos de huir de una humanidad que era capaz de crear situaciones así. El peligro del frente no es atemorizador porque uno no se percata de él hasta que ha pasado, la llegada de los mutilados sí era estremecedora.


En la década del cuarenta regresó a Cuba. Atravesó la frontera francesa junto a millares de milicianos derrotados y la ayuda de José María Chacón y Calvo le permitió el retorno. Comenzó a trabajar con Fernando Ortiz, presidente de la Institución Hispano Cubana de Cultura y fue designado subdirector de la revista Ultra.
Se preguntaba por qué su generación había dejado de escribir. Hicieron su primera demostración y todos, o casi todos, enmudecieron. Cuando vivía sólo no precisaba gran cosa pero ya había adquirido una familia y una vez más tuvo que traducir para vivir. Se tenía que dividir entre la Escuela Normal, el Instituto de Idiomas y el periodismo, no le quedaban energías para otra cosa. Pensaba que el escritor debía vivir como profesional. Si pudiera comenzar su vida de nuevo, si le dieran a escoger carrera y tuviese veinte años "y lo sabido, sabido" no seleccionaría la carrera de escritor ,"que no la tengo tampoco porque esa carrera no existe entre nosotros", sería un científico, un técnico, cualquier cosa menos el camino inestable del literato. El periodismo, en nuestro medio, era algo más consolidado. "Creo que pude haber sido un buen médico, lo cual es mas importante que ser un buen novelista. Esta es la época de la ciencia."


.No le importaba que Cuba fuese un país de pocos lectores porque el escritor tenía el mundo a su disposición; si trabajaba con calidad sería traducido y leído en todas partes: el mundo de habla española es amplio; la falta de editoriales cubanas no constituía un limitante: "yo no he editado nada en Cuba, todo lo edité en Madrid, en Barcelona y en Buenos Aires."


Creía que las editoriales internacionales estaban a la disposición de cualquiera que hiciese "cosas de interés", historias que no fuesen demasiado locales. El intelectual debe estar condicionado por una carrera, por una ocupación funcional que merezca un respeto; tener la sensación de que es apreciado por lo que construye, "porque si no, se desanima y hace otra cosa".
Recordó una anécdota de un gran artista cubano que estaba pintando en su estudio, junto a su mujer. Le habían arrebatado un cargo que necesitaba para vivir y la mujer lo increpaba: ¡tienes que meterle una "galleta" a ése! Se trataba de un alto funcionario. Y él tiró los pinceles y le dijo a Lino: "¿Qué te parece? ¡Tengo que pintar y además tengo que dar galletas! Pues no puedo hacer las dos cosas: ¡o pinto o doy galletas!" He repetido muchas veces esta historia como sintomática del verdadero y más profundo problema de la cultura cubana.


El papel lo aguanta todo -"como dicen por ahí"- y el periodismo también. Puede ser muy malo o puede ser muy bueno. En él caben el buen ensayo, el buen artículo, el buen reportaje; un buen reportaje es una obra literaria también. Cabe el cuento además. El mejor vehículo del relato breve es la revista. El periodismo podía contribuir a elevar el nivel de cultura. Era la manera más directa de comunicarse con el pueblo.


Escribía por impulso, "de la misma manera que Carlos Enríquez pintaba un cuadro: por impulso". Empleaba dos o tres días, o mas bien dos o tres noches -el único tiempo disponible-, para realizar una narración. A veces las hacía de un tirón, "en un solo momento", a mano. Cuando se lanzaba a una historia estaba terminada previamente: había realizado una elaboración inconsciente.


La novela, para él, no estaba en decadencia: nunca se habían consumido tantas novelas como entonces, era lo que más se vendía, desde las policíacas a las "rosas". El cine siempre era un relato y esa era también la base de la televisión. El pueblo sólo acepta lo que le llega por el sentimiento, por el corazón; la cosa abstracta, cerebral, no se vende.


La generación del treinta -su generación- era romántica y violenta, pese a la filosofía materialista que la animó. Los temas marinos, de contrabando, estaban muy ligados a la historia de Cuba, a los recuerdos, a las leyendas. Aún no se había agotado esa temática. El pueblo cubano tiene una tendencia escapista y esas historias proporcionan una evasión.


Reconocía la cuentística de Luis Felipe por el mérito de haber hallado un "tono cubano, un cierto dejo." Aunque ya parecía un poco convencional, estuvo "más pegado a la tierra" que los demás autores. No fue un creador porque cuando se le saca de aquí, cuando se traduce, desaparece o queda muy empequeñecido: su valor está en el tono, "en el sabor de tierra que tiene".


Labrador Ruiz poseía una gran sensibilidad formal, "más que ninguno de nosotros". Tiene un don que a veces llega a ser "joyciano" en su juego con las palabras. Labrador carece de estructura: se queda en palabras y falta la historia, parece que la desprecia, lo hace a propósito; no es que carezca de capacidad imaginativa; quizás estime que contar una historia está por debajo de un autor de nivel. A Enrique Serpa le pasaba lo opuesto de Labrador: construía mejor, pero su forma era muy deficiente, quizás por su larga profesión de periodista, su estilo era descuidado.


Desconocía lo nuevo que se estaba haciendo en literatura cubana. Pero le parecía que existía un momento de espera y de transición. Sólo estaba al tanto de lo que le enviaban a Bohemia para su lectura. No veía a ninguno de la estatura de Luis Felipe y Carlos Montenegro."Entonces existió un impulso."


Creía en Dios. Estuvo años separado de creencias y entonces intentaba un reacercamiento que no le resultaba fácil. "A Dios hay que sentirlo." Se acumularon algunas experiencias que le devolvieron a la religión. Políticamente se ubicaba como un admirador de la democracia liberal. Lo más importante para el ser humano era su libertad personal y su bienestar material. La democracia parlamentaria sola no bastaba, debía entenderse la democracia en un sentido más amplio. Creía que en España existía mayor democracia en las relaciones humanas, en el intercambio entre familias, en el espíritu de sus instituciones, que en Francia.


Habría que diferenciar a los regímenes de mano dura: el fascismo de Mussolini no era igual al justicialismo de Perón ni al nazismo de Hitler. Mussolini logró que los trenes italianos corriesen con puntualidad y Perón tuvo quizás buenas intenciones, pero los gobiernos autoritarios tienen la tendencia a degenerar en una gestión caprichosa y arbitraria, no conducen a nada; a la larga estallan y sólo dejan amargura tras de sí.


El marxismo era para él una interpretación unilateral de la historia. El valor de los factores económicos en el devenir humano no necesitaba de Marx para ponerlos de relieve. Confesó que el comunismo "fue una engañosa ilusión y era una cruel realidad."


Hasta aquí el diálogo que sostuve con Lino Novas Calvo en l958, inédito durante treinta años.


El escritor estuvo muy cercano al primer partido comunista cubano y trabajó como periodista en el diario Hoy, órgano del Partido. Su relación con el cuentista Carlos Montenegro y su esposa Emma Pérez, así como con otros excombatientes de la Guerra Civil Española, como Rolando Masferrer, le influyó posiblemente en su decisión de alejarse del Partido y encauzarse como un furibundo renegado. También es probable que su matrimonio con Herminia del Portal, una poetisa y periodista nada amiga de las izquierdas, haya pesado en la adopción de su nueva posición política. Se hallaba, además, muy ligado a los intereses de la empresa editorial de Miguel Angel Quevedo Salvador Bueno ha referido la negativa experiencia que Lino sufrió en España.

En la Casa de la Cultura de Madrid fue acusado ante un millar de intelectuales de haber publicado en 1934 artículos contra los mineros de Asturias, lo cual podía tener como consecuencia inmediata su fusilamiento. José Antonio Portuondo me ha aclarado que el fiscal fue el intelectual español Carmona Menclares y el defensor fue el poeta católico José Bergamín. Le aplazaron la sentencia y lo encarcelaron en el sótano del Palacio Spínola. Transcurrió una noche de condenado esperando, con el alba, la muerte. Al día siguiente el acusador se retractó al aparecer unos documentos que le exoneraban. Volvió a la vida.
Como dice Bueno: "La guerra dejó en su ánimo un sentimiento total de inseguridad y las ideas políticas que habían prendido y madurado en aquellos años fueron perdiendo consistencia y verdad. La pérdida de su fe política, su gran desilusión, aquella horrible prueba de tres años le han dejado un indisipable hedor a cadáver."


Todo ello explica por qué se marchó de Cuba en 1960, al año siguiente del triunfo de la Revolución. Sus últimos tiempos fueron sombríos: engordó hasta la obesidad, sufrió varias embolias, perdió el habla y se dedicó a pintar. Fue relegado a un asilo de ancianos, donde murió.


Su primera, y única, novela de envergadura El Negrero fue editada en 1933. La escribió en la biblioteca del Ateneo de Madrid, cuando frecuentaba a Ortega y Gasset y era secretario de la sección de literatura de esa institución. Ya en ella está presente el mar como elemento romántico principal de nuestro contexto; el mar, que será el centro de la narrativa de Serpa, de Montenegro, de Ibarzábal. La vida de Pedro Blanco Fernández de Trava nos devela el pivote económico sobre el que giró la economía y la cultura cubana en el siglo diecinueve: el esclavismo. Al final de la obra Lino Novás incluye una exhaustiva bibliografía, reveladora de su inmenso trabajo de investigación.
En 1942 publicó en Buenos Aires La Luna Nona. Ese año ganó el Premio Hernández Catá. En 1944 salió Cayo Canas y en 1946 el relato "En los traspatios". Entre uno y otro aparecieron los cuentos de No sé quien soy. La década del cuarenta, cuando el autor andaba en su treintena, vió el clímax de su producción literaria.


De su experiencia como chofer de alquiler (siempre conservó el terrible recuerdo de haber arrollado a una niña negra) salió el que quizás sea el mejor cuento que se haya escrito en Cuba: "La noche de Ramón Yendía".Junto con El Acoso de Alejo Carpentier, permanecerán como los testimonios literarios mayores de la revolución antimachadista. Al clima de asedio y riesgo, a la atmósfera de acorralamiento persecutor, contribuyó su encierro en Madrid esperando su fusilamiento, según confesó después.
En la obra de Novás Calvo se advierte la asimilación del "behaviorismo" o "conductismo".

Sus caracteres nos van diciendo con su comportamiento lo que subyace en ellos: jamás el narrador revelará lo que anima a estas criaturas independientes; sólo sabremos lo que sienten y piensan mediante sus acciones. También utilizó la elipsis como recurso: no hará nunca una aseveración rotunda. El desarrollo argumental, las motivaciones de los personajes, se mueven por cubiertos meandros, por sinuosos laberintos que con este difuso y enrarecido decursar alcanzan una poética de una velada belleza. Fue eficaz en la adquisición de un tono cubano: un lenguaje que sin perder precisión logra la formulación de la voz criolla. La identidad nacional penetra su expresión coloquial sin caer en la vulgaridad de lo pedestre. Su aparente desaliño encubre una dedicación de orfebre.


Su obra literaria dejó una honda huella en las letras cubanas. Fue un innovador que importó corrientes, técnicas y procedimientos. Impulsó la primera y más poderosa arribazón de obras norteamericanas con su economía de lenguaje, la sequedad de sus imágenes, su duro estilo dialectal.Esa transfusión quizás salvará a la literatura cubana del anquilosamiento... Es un caso único de presión involuntaria y total sobre una generación..." Después comenté su última y sombría etapa, en la que su fuerza creadora se había desvanecido con la irrupción de un escepticismo devastador.

Comencé a escribir bajo la múltiple influencia de Lino Novás Calvo y sus dioses tutelares: Hemingway y Faulkner. No fuí el único: los jóvenes escritores de mi generación también experimentaron su autoridad. Creo que su predominio llegó hasta los narradores de la segunda oleada de la Revolución, los que se iniciaron en la literatura finalizando la década de los años sesenta.
Ahora comienzan a reeditarse sus obras en Cuba, quizás debiera decir más apropiadamente que se están editando por primera vez, ya que todos sus libros tuvieron que ser publicados en el extranjero antes de la Revolución debido a la ausencia de una industria editorial nacional. Lino Novás Calvo pertenece por derecho propio -a pesar de sus incongruencias ideológicas y su abandono del suelo patrio-, a la cultura nacional.


Quizás su peor momento, después de su exilio, lo anticipó en un pasaje de su Yendía: "Comenzó entonces una marcha lenta y penosa. Le pareció que estas horas eran las últimas de su vida y que muy pronto -quizás antes del día- todo lo que veía con sus ojos y oía con sus oídos habría desaparecido, se habría disuelto en un vacío de eternidad. Como si nada hubiese existido jamás en el mundo; como si él mismo no hubiese nacido jamás; como si cuanto había amado, sufrido, gustado no hubiese tenido jamás realidad." Recobrar a Lino Novás es inscribir otro fragmento de nuestro patrimonio en la base insular donde pertenece. Donde jamás dejó de estar.

          

         Voices of the Storyteller
       Cuba's Lino Novas Calvo
     By Lorraine Elena Roses
          
World Literature, Contributions to the Study of,

No. 14 (ISSN: 0738-9345)
Greenwood Press. Westport, Conn. 1986. 170 pages
LC 85-27148. ISBN 0-313-25077-4. RVS/ $
$7.50
Available (Status Information Updated 8/5/2003)

"Within the last ten years there has been a noticable increase in the number of critical studies dedicated to the narrative of the late Cuban short-story writer Lino Novas Calvo (1905-83). Long overshadowed by many of the giants of Spanish American literature, he is finally taking his place as one of this century's most original and innovative writers of short fiction. Rose's book is a detailed analysis of the writer's principal stories with particular emphasis upon his unique use of narrative mode and dialogue in portraying characters and events that are typically Cuban yet at the same time undeniably universal. It is through her study of point of view and colloquial language that Roses demonstrates how Novas Calvo, through a curious blending of Havana history and his own personal life, communicates to his reader a very authentic vision of the contemporary outsider. A useful selected bibliography of primary and secondary sources is included. An appropriate acquistion for undergraduate, graduate, and public libraries."

Maneras De Contar [Cuentos]
by Novás Calvo, Lino

Binding: Paperback
Publisher: Las Américas, New York
Date Published: 1970
Description: Very Good, Spanish text.
Languages: Spanish
Alibris I.D.: 1513017300

Lino NovAs Calvo
by Raymond D. Souza

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El Viejo Y El Mar
Ernest Hemingway (), Lino Novas Calvo

                  

                 LINO NOVAS CALVO EN LOS TRASPATIOS

La presentación en una librería de Coral Gables del relato de Lino Novás Calvo, “En los traspatios”: una noche extraña con un público inexistente.

Lorenzo García Vega | Miami

Lino Novás Calvo nació en Granas de Sor, Galicia, en 1905. Llegó a Cuba, enviado por su madre, a la edad de 7 años, y después de haber ejercido distintos oficios (fue chofer de alquiler), se consagró como narrador.

Comenzó intentando la poesía social con el poema “Proletario”, publicado en la Revista de Avance, 1928. Después escribió novelas (Un experimento en el Barrio Chino y Pedro Blanco, el negrero) y, sobre todo, libros de cuentos (La luna nona, Cayo Canas, Maneras de contar). En la Revista de Occidente publicó cuentos y notas críticas. También tradujo a Faulkner, Hemimgway, D. H. Lawrence, Aldous Huxley y Robert Graves.

Pero sobre todo, Novás Calvo puede ser considerado como uno de los grandes cuentistas de Hispanoamérica. Un gran cuentista y un gran pesimista. Uno de los narradores más amargos de esa literatura cubana que ya cuenta con una buena tradición de escritores pesimistas (recordemos, entre otros, la figura de aquel Miguel Angel de la Torre, escritor suicida quien, antes de su muerte en 1930, llegó hasta testificar sobre la tristeza de lo cubano, en una memorable conferencia que pronunció en Cienfuegos), pues Lino, además de su amargura nata, quedó marcado por la terrible experiencia que tuvo durante la Guerra Civil española donde, por "equivocación", estuvo al borde del paredón de fusilamiento.

Recuerdo haber visto a Lino sólo una vez. Fue en una tarde del Liceum, la coquetona sociedad femenina de La Habana, donde se daban conferencias, y hasta se lograban exposiciones que lograban escandalizar al pacato público burgués de aquel momento. Era una tarde de la década del 50, yo iba a ser su oyente en aquella conferencia, y ya todo se me deshace. ¿Era un hombre bajito, amargo, parco? No..., no..., quizá no fuera ni bajito. No sé..., ya no puedo saber bien cómo era. Lo único que recuerdo son las sombras de la tarde cayendo sobre aquel Liceum, y un Lino que ya mi falta de memoria lo ha vuelto como espectral, y sin que pueda recordar las frases pesimistas que sobre aquella horrible circunstancia que nos rodeaba, estoy seguro que dijo. Estábamos metidos en una de las dictaduras... (pero ¿para qué hablar de eso?), en fin, no había nada que hacer.

Algunos podíamos ser escritores, pero era igual que si no fuéramos nada. Así que se iba a las conferencias, como en aquella ocasión yo fui a la de Lino, como para acompañar al difunto. Y, de esto, por supuesto, aunque mi memoria me falla, sí no puedo dejar de recordar que Lino estaba bien consciente.

Pero, parece que se arrastra un karma. Pues ya han pasado muchos años de aquella liceúmnica tarde, y el ambiente inhóspito a toda manifestación de cultura que en aquel momento se respiraba continúa, en el limbo donde estamos, tal como si no hubiese pasado nada. O sea, estoy hablando de una de las noches de este limbo, en que en una librería de Coral Gables se hizo la presentación del relato de Novás Calvo, “En los traspatios”, publicado con todo el cuidado y fervor (¿inútil?) a que nos tiene acostumbrados, en las ediciones de la Colección La Segunda Mirada Narrativa, el editor Carlos A. Díaz, y el director de la colección, Carlos Espinosa Domínguez.

Parece que se arrastra un karma. Y yo vi, junto a los lamentables cuatro gatos que desde mi juventud estoy acostumbrado a ver en los más importantes acontecimientos culturales que se pudieron celebrar en un lugar del que no quiero hablar, como esta noche en que se volvió a presentar ese relato de Lino, cuya edición original se hizo en 1946, la vuelta a lo sombrío de aquella tarde del 50 en que un Lino, absolutamente desesperanzado, le hablaba a un público que, por su frivolidad, venía a ser tan desalentador como el hecho de encontrarnos, una vez más, con los que, aunque sí unidos por un fervor auténtico, no dejábamos de ser, por el escaso número, vulnerables y como sin salida, los mismos cuatro gatos de siempre.

Cuestión de gatos, entonces, repartidos en los sitios donde se sienta un público, mientras que en el estrado, junto a Díaz y Espinosa, se encontraba el novelista Carlos Victoria, quien bien supo leer, con magnífica elocuencia de orador de público inexistente, al casi invisible auditorio que, con soñadora actitud de oyentes de público lleno, con toda atención le oímos.

O sea, para decirlo más claramente: que le oímos, entonces, al buen Victoria, magnífico prólogo de crítico-buen-novelista, pero con el inigualable acento de aquél que, por dirigirse a público —por lo escaso—, casi invisible, no pudo menos que teñir su lectura con tonalidad mediúmnica. Pero, aunque con noche apagada, el prólogo de Victoria sirvió para poner en onda al público que, si hubiera asistido, no hubiera dejado de agradecerle su acierto de voyeur certero, capaz de colocar en la zona adecuada.

¿Acierto de mirón? Efectivamente, pues como novelador de lo nuestro, el buen Victoria califica como voyeur de persiana cubana que, por ser tal, bien puede, certeramente, fijar la mirada de Lino con estas palabras: "la proximidad, casi promiscua, fuerza a un perpetuo acecho: el acto de espiar se vuelve involuntario como un tic", y esto hasta ofrecer esta certera imagen que sabe apreciar la trama de “En los traspatios”: ``el cerco va encogiéndose y envolviendo a los protagonistas como un mosquitero que cae sobre un durmiente, enredando su cuerpo y su cabeza''. ¡Bien, entonces, por la noche extraña con público inexistente!

“¡Tengo a Faulkner en la sangre!”, dijo Novás Calvo, y con ello supo él responder a un momento de la expresión hispanoamericana. Nos sorprendió con espasmos, con brincos: “Como una cuerda tensa que se rompe, se soltó del sueño con un estallido roto”, y supo captar lo fantasmal como cuando, al hablarnos de cómo miraba un personaje, apuntó que lo hacía “como a un espejo que estuviera detrás de otra persona”.

¿Fue Lino un existencialista cubano? Por lo pronto, habría que darle vueltas a esta cuestión. Habría que tratar de radiografiar esa extraña espectralidad que él logró, en medio de una circunstancia de rumberas y de relajo. Hay ya que saber, que Lino, su testificar, es lo que puede asustar un poco, si nosotros, los que vivimos en su momento, nos atrevemos a asomarnos, para encontrarlo en ese pasado que, inesperadamente, puede asomársenos como una revelación, dentro de ése, como espejo retrovisor que, quizá, todos podamos llevar dentro.

Así que es importante volver a leer a Lino. Así como, quizá, fue importante que la noche de la presentación de su libro fuera una noche de no-público. El exilio interior que siempre vivió Lino no fue de terciopelo, ni de algarabías oportunistas. Quizá conviene que, para recibir a quien hay que recibir, sólo haya pocos.

(Tomado de El Nuevo Herald, 2 de julio de 2001)

                  LINO NOVAS CALVO: TRAILBLAZER OF THE LITERARY MYSTERY NOVEL

En Cuba, Espana y la America Latina no existe una tradición de novela policíaca similar a la de Estados Unidos, Francia, o Inglaterra. Pero sí había una continuidad de creación en la novela policíaca. En los años 50, se escribieron algunos libros y se publicaron algunos cuentos policíacos en Cuba y de alguna importancia fueron los que escribió uno de los narradores cubanos más importantes de los años 30, 40 y 50 que es Lino Novas Calvo. Lo que pasa es que había una actitud muy vergonzante hacia la novela policíaca, y el mismo Lino Novas Calvo trabajaba en la revista Bohemia y publicaba aquellos cuentos que eran ficción absoluta como si fueran reportajes para darle alguna validez a lo que estaba haciendo. Porque un escritor cubano que escribiera cuentos policíacos, eso a nadie le interesaba. Incluso hubo un escritor cubano que hizo novelas policíacas publicadas con un seudónimo de evidente resonancia anglo. Y así podía parecer un escritor inglés o norteamericano que había escrito esas novelas y que eran traducciones al español porque se veía un poco extraño a un cubano publicando novelas policíacas.

                          

    CROSSING BORDERS:

   LINO NOVAS CALVO’S “TRINQUENME AHI A ESE HOMBRE.”

Admirers of Cuba's much acclaimed novelist Guillermo Cabrera Infante will no doubt remember the section of Tres tristes tigres in which the author produces witty parodies of writings by a distinguished gallery of his compatriots: Jose Marti, Nicolas Guillen, Jose Lezama Lima, Lydia Cabrera, Virgilio Pinero, Alejo Carpentier.(1) Also forming part of this portion are the referencing and parody of several aspects of a relatively early work (1944) by the Spanish Cuban writer Lino Novas Calvo (1905-1983), which Cabrera christens "Trinquenme ahi a Mornard!" (238-40). In this compound title the initial allusion is to a short story by Novas Calvo called "Trinquenm... (800 of 53833 Characters) 03-01-1995;SYMPOSIUM;DOWLING, LEE H

                

¤ La aventura de la crueldad ¤

¤ Abilio Estévez ¤

Saludada por Alejo Carpentier como una ''extraordinaria historia de aventuras verídicas'', la novela El negrero (publicada en Madrid en 1933), del escritor cubano Lino Novás Calvo (1903-1983), es una referencia hasta cierto punto mítica en la literatura de este siglo. Considerada como una obra maestra, de fina artesanía prosística, es rescatada por Tusquets editores. Este día empieza a circular en México. Por tal motivo, ofrecemos, con autorización de la editorial, el prólogo escrito por Abilio Estévez

Por los años de mi adolescencia, en que tanto importaban las hazañas, las peripecias externas narradas por los libros, cayó en mis manos un viejo ejemplar de aquella "vida novelada de Pedro Blanco Fernández de Trava", con letras pequeñas y apretadas, páginas un tanto amarillentas, sobadas, maltratadas por el uso. Un día y una noche me bastaron para leerla. Quedé atrapado por los fascinantes episodios, sorprendido por su violencia y por su maldad, maravillado porque a esa edad ­y a cualquier otra­ resulta tan fascinante el mítico mundo de los piratas.

De cualquier modo, no creo haber sido tan joven o tan ingenuo como para no percatarme de que en aquella historia había algo más que entonces no alcanzaba a comprender.

Transcurrieron años. Mientras estudiaba en la desafortunada Escuela de Letras de la Universidad de La Habana, volví a leer la novela. No menciono por gusto la Escuela de Letras. Esta circunstancia significa muchas cosas. Significa, por ejemplo, que había abandonado la blanda torre de marfil de mis primeros años, y significa que me enfrentaba a un mundo politizado y hostil. Quiero decir, transitaba por otro periodo de ingenuidad en que realizaba mis primeros y definitivos descubrimientos sobre la naturaleza también desalmada que tenemos los seres humanos, bastante propicia para entender el mundo de iniquidad en que se desenvuelve El negrero.

Si leí la novela de Novás Calvo, no fue porque estuviera incluida en los planes de estudios. A Novás ni se le mencionaba. Se había exiliado en Miami al triunfo de la Revolución, y como a cuantos hubieran abandonado el país después de 1959, se le consideraba "traidor a la patria". Al igual que Gastón Baquero o que Guillermo Cabrera Infante, ni siquiera aparecía en el Diccionario de literatura cubana que por esos años publicó el Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba. La releí porque, por fortuna, tenía yo un amigo inolvidable que andaba empeñado en dirigirme las lecturas, y a El negrero, así como a los cuentos de Novás Calvo, en Cuba había (y hay) que volver siempre.

Gracias a mi inolvidable y generoso amigo, tuve algunas noticias sobre el libro y sobre su autor. Supe que El negrero había alcanzado considerable éxito en el momento de su publicación madrileña de 1933, que había recibido los elogios de Unamuno en la tertulia de El Ateneo, así como que Novás Calvo había sido uno de los máximos responsables del renacer narrativo (fundamentalmente del cuento) que conoció Cuba hacia la década de los cuarenta. Junto con Alfonso Hernández Catá, Enrique Labrador Ruiz, Carlos Montenegro, Alejo Carpentier, formó parte de un precioso grupo de escritores que reanimó la prosa cubana hasta un punto que (al menos en tal sentido de conjunto) no creo que haya alcanzado otra vez.

Nacido en Granada de Sor, Galicia, en 1905, Lino Novás Calvo emigró a Cuba con siete años. La humildad de su origen lo obligó a realizar los más insólitos y diversos trabajos: labró la tierra, confeccionó sombreros, limpió fondas y hoteles, vendió ostras, hizo carbón y boxeó. Viajó a Nueva York muy joven, de donde regresó amigo de Sherwood Anderson (admiraba Winesburg, Ohio), y donde pudo apropiarse de otro idioma que le permitiría traducir espléndidamente a Faulkner, Hemingway, Lawrence, Huxley... Fue taxista. Leyó con voracidad. Escribió relatos breves. Trabajó como periodista del Diario de la Marina. Este periódico lo envió, hacia 1931, de corresponsal a Madrid. Colaboró con la Revista de Occidente. Escribió y publicó El negrero. Editó en Barcelona (donde vivió) una novela corta, Un experimento en el barrio chino. Vivió igualmente en París, es decir, se adueñó de otro a idioma con el que años después se ganaría la vida en La Habana. Tradujo a Balzac. Conoció la pasión por la narrativa de Joyce. Visitó la Alemania hitleriana. Al servicio de la República española, participó en la guerra civil. Debió huir a Francia, entre milicianos vencidos. Regresó a La Habana cargado de escepticismo: "Lo que vi en España ­confesó a su amigo Salvador Bueno­ podría hacerme vomitar toda la vida". Trabajó con el sabio etnólogo Fernando Ortiz. Publicó dos libros de relatos verdaderamente sorprendentes, muy superiores a cuanto escribiera antes o después: La luna nona (1942) y Cayo Canas (1944), donde aparecieron cuentos que se hallan entre lo mejor publicado de este lado del Atlántico (como "La noche de Ramón Yendía" o "La visión de Ta María"). Al triunfo de la revolución de Fidel Castro, viajó a Estados Unidos. Allí murió en 1983.

La segunda lectura de mis años universitarios, tan divertida como la primera, sacó no obstante a la luz nuevos aspectos que, en aquella otra y adolescentaria ocasión, me habían pasado inadvertidos.

En primer lugar, me encontré en mejores condiciones de admirar el estilo ansioso, tirante, cortado de frases y apariencia desmañanada. A las capacidades propias de cualquier gran escritor, al extraordinario talento narrativo, al poder de observación, la capacidad de ordenamiento de la sustancia narrada, Novás unía una virtud especial para trabajar con el lenguaje hablado por el "hombre de la calle", por los más humildes, por los marginados, por los más incultos (incultura libresca, quiero decir). Así como llegó a aprender inglés y francés hasta convertirlas en lenguas propias, aquel gallego cubano supo captar muy pronto (y tuvo la capacidad para convertirla en materia literaria) el habla cubana, la jerga del hombre del campo, y del hombre de la noche habanera, como quizá sólo Cabrera Infante haya podido lograr años después. Presumo que a nadie se le ocurrirá dudar, a estas alturas, de que aquel narrador nacido en Granas de Sor es uno de los escritores cubanos más grandes del siglo.

Me percaté, en segundo lugar, de que no me hallaba ante cualquier libro de aventuras. Estoy hablando del más cruel de los libros de aventuras que yo haya leído jamás.

Quiero suponer que el sustantivo "cruel" posee aquí una significación especial. Sospecho que, entre otras cosas, la crueldad contribuye a rescatar esta novela del limbo o de la trivialidad en que duermen algunas novelas de aventuras. Como el lector comprenderá, no se trata de la crueldad evidente del robo o la piratería, el asesinato o la impiedad consustancial al mundo marinero del siglo XVIII o XIX. Deduzco que se trata de algo más profundo.

Mucho, se sabe, investigó Novás Calvo antes de sentarse a escribir la historia de aquel malagueño atroz, Pedro Blanco Fernández de Trava (el mongo de Gallinas), así como la de los no menos bestiales Francisco Féliz de Souza (más conocido por Cha-Cha) o los Zuluetas, personajes de la llamada realidad y que "la historia universal de la infamia" hubiera debido recoger en sus páginas. Pero El negrero no es una biografía al uso. Esta historia tensa, estricta y excesiva, escueta y barroca, en la que nada parece que sobre o falte, logra humanizar el mundo del comercio humano. Cuando digo "humanizar" intento decir: exhibir ese mundo en todo su espanto, mostrarlo en su crudeza, sin atenuantes; tornarlo, además, comprensible; hacer evidente su lado frágil, o, lo que es lo mismo, su psicología; desmitificándolo y mitificándolo del modo en que sólo la literatura es capaz.

Asesinatos, robos, traiciones, magia, naufragios, abordajes, agresiones, calma chica y huracanes, cualquier oprobio encontrará el lector en las páginas que lo aguardan. También encontrará una monstruosa historia de amor, una ternura brutal, una pasión herética entre Pedro Blanco, lleno de misterio y de silencio, atractivo, peligroso y brillante como una hoja de acero, y su hermana Rosa, abnegada y llena de ímpetu.

Esta historia, enigmático lector, no te dará tregua hasta el conmovedor final, el siniestro y hermosísimo final (que casi estoy tentado a llamar cinematográfico, si no fuera porque es el buen cine quien debiera llamarse literario).

En El negrero sucede todo eso y más, porque resulta un agudo análisis sobre una época (finales del siglo XVIII y principios del XIX) que arroja, como debiera hacer toda novela histórica, luminosidad portentosa sobre el presente contradictorio y aterrador en que vivimos. Porque tiene que ver con una de las aventuras más despreciables realizadas por el hombre (la trata de esclavos, el comercio de unos hombres por otros), en un momento bastante pavoroso de nuestro siglo (1933) en que el racismo, con la ascensión de las hordas fascistas al poder, volvía a protagonizar otra aventura vergonzosa. Como por desgracia el racismo continúa protagonizando aventuras vergonzosas (hemos tenido la oportunidad de comprobarlo en la historia más reciente), Novás Calvo muestra el horror, la ferocidad de un mundo que continúa siendo el nuestro.

En esas tardes de ocio en que la realidad o su sinónimo, el hastío, tanto abruman, entre los libros que me agradaría tener a manos (allí entre La cartuja de Parma, El Gatopardo, Las ilusiones perdidas, Guerra y Paz o Tristram Shandy), me gustaría encontrar un cómodo y hermoso ejemplar de El negrero. En esas tardes, digo, en que uno deambula como un fantasma por calles que no existen, ansioso de experiencias intensas que lo colmen de perplejidad, cólera o ternura, o lo que significa lo mismo, que lo devuelvan a la vida. Tardes en las que, sin paternalismos ni falsas piedades, se quisiera indagar (aunque sea una inquisición inútil) sobre la condición del hombre y su paso por el mundo. Porque El negrero, como todo gran libro, no sólo divierte sino que permite incluso aproximarse a lo que con tanta nostalgia llamamos "la sabiduría".

Envidio al cauto e inescrutable lector que por primera vez se dispone a disfrutar las páginas que siguen.

               

POÉTICA E IDENTIDAD BARROCA DE LA PROSA

 DE LINO NOVÁS CALVO

Alberto Garrandés (cubarte)

Repasando los cuentos de Novás Calvo, he visto otra vez esa terca (por cerrada y bien machihembrada) trabazón de los personajes habituales en su prosa con las alegorías y los símbolos también habituales en ella. De un lado, respectivamente, están la prostituta, el chino, el botero (chofer de alquiler por cuenta propia, diríamos hoy), el negro, el carbonero, el campesino, el hombre marginal de la ciudad, el niño circunstante, el exiliado. Del otro lado se encuentran el machete (un machete falocéntrico y levantisco), la manigua (que nada tiene de "sentimental", como diría el ilustre Jesús Castellanos, porque es manigua hostigadoramente arquetípica), la luna (interlocutora mágica, ojo del presagio), el ron (violento, peleón), el automóvil, la fogata (con empaque apocalíptico y como manifestación de lo postrero), el tambor (presagioso también, y con una voz metamorfoseada en solicitud), el viento, la ciudad, el mar, el recuerdo, el solar. El solar, o el espacio para el hacinamiento (de hombres, instintos, anhelos y sueños), es un contexto para la puesta en escena. Es la célebre 'cámara de ecos' barthesiana que pasa por el lenguaje. El solar es una pieza de la identidad cubana hasta nuestros días.

Ya que arriesgo esa traída y llevada noción: identidad (pero identidad a secas, pues decir identidad cultural es casi como cometer una tautología), he de referirme a un hecho definidor de la prosa de Novás y de sus cuentos en particular. El estilo que forjó, cautelosa y rápidamente, es un correlato mediato del proceso identitario cubano, y se constituye, además, en un reflejo (en el nivel del idioma, una variante embrionaria del español en que se iban a escribir obras maestras de la literatura de ficción en Iberoamérica) de los intercambios, las mezclas, las intersecciones y los cruzamientos ocurridos para llegar a lo que hoy conocemos como cultura hispanoamericana, o más justa y exactamente cultura de nuestra lengua. En este sentido el saldo que arrojan los cuentos de Novás Calvo, más la emanación desprendida de su novela, conforman una experiencia única -me atrevería a decir que sin precedentes en nuestro siglo- del empleo radical del lenguaje, un lenguaje fronterizo y central al mismo tiempo, un lenguaje de las periferias culturales y que, al par, se nutre (sin desgarrarse) de los llamados centros de la cultura. La vivencia española, gallega por más señas, es una capa sobre la que se extiende la percepción, extasiada y plural en Novás, del fenómeno del negro, observado desde la historia (una historia que es factografía de lo maravilloso, compendio de lo exótico, recuento de lo mágico y enumeración de lo sobrenatural) y desde un presente signado por la cubanidad integrativa, anómala, inestable. El resultado de este aprendizaje, sobre todo en lo referido a su cuentística, se aprecia en una soterrada y a veces pública multilexicalidad que obliga a Novás a acomodar las palabras en una sintaxis como de sierpe inquieta, cuya eufonía está llena de contrastes.

A propósito de estos mismos asuntos, resulta imprescindible que me detenga ahora, ya no en esa necesidad que manifestó Novás de presentar situaciones del límite, extremas, en su exploración del sujeto común, ese que lleva dentro absolutos y arquetipos y que es protagonista de combates disímiles: contra los propios hombres, contra el miedo, el paisaje antropomórfico, la idea de la muerte, la incertidumbre, el olvido. Estas cuestiones, indudablemente de primer orden, encuentran sin embargo su rostro, se singularizan y especifican (porque son cuestiones muy generales y forman parte del grueso de las inquietudes de la cuentística cubana del siglo) en una forma de narrar, una poética que se podría materializar mediante un texto prototípico y por demás invisible, aunque no por ello inexistente. Ese texto conjetural no podemos leerlo porque no se escribe, ningún escritor lo fabrica. Son la historia de la sensibilidad, los sedimentos de las lecturas y la voluntad mítica de la interpretación literaria los agentes de su concreción. El texto al que me refiero está comprendido, sin embargo, en mis intuiciones (véase, al respecto, el primer apéndice de mi libro La poética del límite), y como he aludido ya a algunos de sus ingredientes, que son, desde luego, tópicos invariantes, me concentraré en uno de ellos que merece comentarse: ese barroco interior que, paradójicamente, nace en una prosa a la larga desnuda, magra, desalada.

El barroco es, en los cuentos de Novás Calvo, el resultado de esa mirada estupefacta y curiosa con que emprende el registro de un acontecer capaz de seducir al pensamiento. Allí, en los hechos posibles, e incluso en ese ambiguo grado de probabilidad que brota entre lo real y lo mágico, existe una sobredosis de palabras, un esparcimiento a presión de los sentidos que el suceder admite. El barroco es aquí un efecto ocasionado en el lector por un estilo lingüístico cuya formulación se basa en la alternancia de frases breves y largas, así como en un uso casi sinusoidal de la adjetivación. Por otra parte, hay que advertir que ese efecto barroco tiene también su origen en una violenta estratificación del relato, proceso este que determina el surgimiento (por sugerencia, insinuación alusiva y analogía) de muchísimos detalles referidos a los contextos de la identidad. A esto agregamos los dones de un realismo en cuya enorme penetración psicológica se sustenta una imagen (de la realidad) próxima a lo fantasmagórico (utilizado el término con una muy relativa ponderación).

He regresado, como dije antes, a los cuentos de Novás Calvo, repasándolos de manera retrospectiva: de Maneras de contar, el heterogéneo y desigual volumen que dio a conocer después de su radicación en Norteamérica y que contiene textos de épocas distintas (textos donde se aprecia la depuración formal y estructuras heredadas de su quehacer como creador de historias de crímenes, junto a textos marcados por el sello de lo legendario: sus textos-insignias), hasta los iniciales: "La luna nona", "Hombre malo", y, más tarde, "No le sé desil", la impresionante noveleta En los traspatios y algunas otras narraciones. Después de estas relecturas ha vuelto a asaltarme una sospecha a veces disfrazada de certidumbre: en su afán de objetividad, de deseo implacable tanto de lo material como de lo inmaterial, Novás transcendió la determinabilidad de los hechos (los externos y los de la conciencia) para situarse en un territorio donde la amplificación de lo real deviene indeterminación por exceso, subjetividad objetiva.

La idea anterior me retrotrae a las palabras pronunciadas por el narrador de Pedro Blanco... cuando el mítico negrero quiso saber con exactitud, con precisión, quién era Napoleón y cuáles habían sido sus hechos. En ese instante el narrador dice del personaje: Lo que él buscaba era la narración objetiva de los hechos... y esto no podía encontrarlo. Narrar y objetivamente no lo sabía hacer nadie entonces. Todos se sentían sujetos y líricos. Se trata de una perturbadora declaración en la que hay una poética y una estética presumibles. La gozosa perplejidad que siempre me han causado esas palabras escritas en Madrid en 1932, me devuelve al juicio que enuncié al expresar esa sospecha disfrazada de certidumbre: él, Novás, persiguió la objetividad en la narración, pero siempre fue un hombre amarrado por el asombro ante el mundo, un hombre de íntimo y exultante (y perentorio) lirismo. Maestro del relato breve, especie de demiurgo reconstructivo de un cosmos hecho con fragmentos, Lino Novás Calvo es el Adelantado, el primer escritor hispanoamericano que, con desconcertante excelencia, trazó la ruta de los encuentros para decirnos que nuestra cultura es un hacerse continuo, que somos hombres necesariamente universales y que la literatura de un orbe nuevo ha de hacerse desde el magma de la historia y sus riquezas.

               

 

La novela cubana de Ernest HemingwayDescription: Description: Description: http://www.cubaencuentro.com/images/Pixel.gifDescription: Description: Description: http://www.cubaencuentro.com/images/Pixel.gif

Hace medio siglo, se publicó en la revista 'Bohemia' la traducción al español de 'El viejo y el mar', realizada por el escritor cubano Lino Novás Calvo.Description: Description: Description: http://www.cubaencuentro.com/images/Pixel.gifpor CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Miami

El 2003 está a punto de decirnos adiós. Unas semanitas más y estaremos repitiendo el rito que cada año debemos cumplir estrictamente por esas fechas: la Nochebuena, el Año Nuevo y, en ciertos sitios, el Día de Reyes. Pero antes de que lleguen por enésima vez esas monótonas tradiciones, quiero dedicar el espacio de esta semana a una efeméride que se cumple este año y que, pienso, no merece que pase inadvertida.

Portada de la edición original.

 

Hace medio siglo que la revista Bohemia, entonces la más popular y de mayor circulación en la Isla, incluyó de modo excepcional en el número del 22 de marzo de 1953, la primera traducción al español de una novela escrita originalmente en inglés. Las razones que llevaron a los editores a hacerlo eran justificadas: se trataba de The Old Man and the Sea, la "novela cubana" de Ernest Hemingway (1899-1961), uno de los escritores norteamericanos más famosos del pasado siglo.

En un artículo publicado en Carteles en 1952, Salvador Bueno comentaba que a nivel de retribución económica fue una obra que marcó un récord. Antes de que se editase como libro, Life adquirió los derechos y la publicó en septiembre, en una tirada de 5.325.477 ejemplares. Por ello pagó al autor 30.000 dólares, y si se toma en cuenta que la novela contiene unas 27.000 palabras, se concluye —como señala Bueno— que Hemingway cobró algo más de un dólar por palabra.

La edición de Life, que se agotó a las cuarenta y ocho horas, no afectó, sin embargo, la venta de la de tapas duras, que en 1953 se mantuvo durante seis meses en la lista de los títulos más vendidos. Asimismo, ese año la novela recibió en Estados Unidos el Premio Pulitzer.

En ese texto, que por su corta extensión se halla entre la novela breve y el cuento largo, Hemingway abandonó los ambientes exóticos y las aventuras extraordinarias que tanto le gustaban, y escribió una historia sencilla, narrada en una forma muy simple y con una técnica clásica. El escenario es un pueblo marino de Cuba, situado no lejos de La Habana. Su protagonista es un viejo pescador que se mantiene con lo que gana en su oficio. Al comenzar el relato, hace cuarenta días que vuelve del mar con las redes vacías, por lo que los padres del muchacho que ha enseñado a pescar obligan a éste a dejarlo. Él, no obstante, aún alimenta el sueño de cobrar una gran pieza.

Y en efecto, un día consigue capturar un pez espada de enorme tamaño, más grande incluso que su barca. Con las manos desolladas por el roce del sedal y agotado por el esfuerzo, emprende el regreso. Pero pronto la sangre del pez atrae a los tiburones, y de nuevo empieza para el viejo la lucha. Al final, de su presa sólo queda el enorme espinazo, con la cabeza y la cola. Al día siguiente de haber retornado al pueblo, el protagonista se encuentra al muchacho dispuesto a salir otra vez con él. Lejos de mostrarse desalentado, el pescador, a su vez, está con la misma energía e ilusión, consciente de que fue derrotado, pero también de que supo vencer.

Gracias al talento de Hemingway, una anécdota de la vida vulgar y cotidiana se convierte en símbolo del destino de la humanidad que, al igual que el viejo pescador, se empeña en acometer empresas desmesuradas. El viejo y el mar fue muy bien recibido por los críticos, y uno de ellos comentó: "Pocas veces un relato de tan escueta simplicidad, cuya grandeza épica se logra con tan escasos elementos trágicos y efectistas, ha conseguido adquirir un simbolismo tan profundo como ese texto de Hemingway".

La traducción al español de la novela de Hemingway fue encargada a uno de nuestros grandes narradores, Lino Novás Calvo. Éste conocía la obra del escritor norteamericano desde hacía años. En 1932 había publicado en la Revista de Occidente un ensayo en donde la analizaba, junto con la de Faulkner. Por los años cuarenta lo conoció personalmente en una recepción en La Habana. En un artículo que escribió en 1961, al morir Hemingway, Novás Calvo recordó aquel encuentro:

"Lo que le llamaba la atención era que ni mi tono ni mi figura conjugaban con lo que sabía de mí: que —como él— había sido corresponsal de guerra, que —como él— había escrito cuentos de lucha y muerte, que —como él— había estado en el lugar de los hechos. Esto no rimaba con la persona que tenía delante. No podía haber mayores contrastes: él era grande y fuerte; yo, pequeño y endeble; su voz era recia y dura; la mía, débil y blanda; él era brusco y altanero; yo, cauteloso y humilde. Otra paradoja: Hemingway se parecía a su obra; yo no me parecía a la mía".

Aquel fue el inicio de una amistad que no llegó a ser muy estrecha, pero que nunca se interrumpió. Cuando Life quiso publicar también El viejo y el mar en su edición en español, su autor puso como condición que Novás Calvo fuera el traductor. Éste recuerda que el chofer de Hemingway lo estuvo buscando toda una noche por La Habana, porque había que empezar el trabajo de inmediato y necesitaba saber si su precio era asequible.

El autor de Cayo Canas cuenta que se quiso resarcir entonces del poco dinero que había cobrado por las traducciones de Faulkner, D. H. Lawrence, Aldous Huxley y Balzac, que hizo en España en los años treinta, y puso como honorario un Ford de uso. Hemingway, contó Novás Calvo, rió a carcajadas.

"El dinero (del que tenía montones) era para él una abstracción. Pero un fotingo de uso era algo concreto y hasta poético. Dijo que era mucho; que él mismo, debido a los altos impuestos, cobraría poco más por el libro, pero que estaba de mi parte y que juntos daríamos la pelea para arrancarle a Life (que tenía montones mucho mayores de dinero) el viejo fotingo. Y así fue. Y salió El viejo y el mar como él quiso, en español (porque él mismo participó en la traducción, junto con un capitán vasco de cabotaje que entonces lo visitaba en su finca La Vigía, en el Cotorro). Para mí fue un Chevrolet por El viejo y el mar".

Sin embargo, la versión de Novás Calvo apareció primero en Bohemia y luego en Life, donde no se mencionó su nombre. Esto trajo como consecuencia que al ver la luz la primera edición en libro se volvió a repetir ese error, algo que Hemingway ordenó se subsanara. A partir de las siguientes, figuró siempre como la "Traducción autorizada por el autor".

Desde entonces y dada la popularidad de la novela, se ha reeditado decenas de veces (la última que conozco es de hace apenas un año). La labor que realizó Novás Calvo fue muy profesional y pone de manifiesto que se la tomó con mucho interés y seriedad (en 1950 publicó un ensayito en el que trata ese tema: "Nota sobre la Traducción"). Hay un detalle de esa versión que se hizo famoso. La frase con la cual finaliza la novela: "The old man was dreaming about the lions", Novás Calvo la tradujo como: "El viejo soñaba con los leones marinos". Lo cual, si se analiza bien, resulta mucho más lógico.

Los leones africanos estaban más en los sueños del propio escritor, que en los del viejo pescador cubano. En Tres tristes tigres, donde hay numerosas alusiones humorísticas a El viejo y el mar y a Novás Calvo, Cabrera Infante incluye un diálogo en donde dos personajes discuten sobre si se trata de leones o de leones marinos. No hay que olvidar que más de una vez su autor se ha referido a "ese fatal crimen de lesa literatura que es la traducción".

 

Hasta aquí, todo lo correspondiente a la parte más amable de El viejo y el mar. Pasaré ahora a la otra parte, la que deberá incluirse, cuando alguien la escriba, en la "Historia Nacional de la Infamia". En 1962, la Editorial del Consejo Nacional de Cultura editó en Cuba la novela, como homenaje a Hemingway en el primer aniversario de su muerte. Quien se tome el trabajo de cotejarla, verá que se trata, palabra por palabra y línea por línea, de la misma versión que apareció en Bohemia. Se dice incluso que es la "Traducción autorizada por el autor". Pero el nombre de Novás Calvo quedó eliminado. Fue, sin embargo, sólo el inicio de una cadena de omisiones y escamoteos.

 

Primera página de la edición de 'Bohemia'.

En 1981, Mary Cruz publicó su ensayo Cuba y Hemingway en el gran río azul, que se anunciaba como "una muy valiosa contribución al conocimiento no sólo de la presencia de Cuba en la obra del gran novelista norteamericano, sino también una penetrante interpretación de esa obra". El libro, en efecto, constituye un estudio inteligente, documentado y bien hecho. Pero la obstinada omisión de Novás Calvo que hace la autora empaña su rigor científico.

Hay un capítulo de cuarenta y seis páginas, titulado ¿No lo ves?, donde precisamente su nombre "no se ve" por lado alguno. Tampoco figura ninguno de sus dos artículos sobre el creador de Tener o no tener en las veintitrés páginas de la bibliografía, donde está, por ejemplo, la edición de Planeta de las Obras Selectas de Hemingway (1969), en donde está incluida la traducción de marras de El viejo y el mar. Similar resultado obtendrá quien revise otros títulos sobre Hemingway aparecidos en la Isla a lo largo de todos estos años.

Una excepción la constituye Hemingway en Cuba (1984), de Norberto Fuentes. Allí, en las páginas 433 y 434, su autor se refiere a la traducción de Bohemia. Parte del espacio está dedicado a comentarnos "las inclinaciones sexuales" de Miguel Ángel Quevedo, el director de esa revista, que de acuerdo con Fuentes, "eran notorias. Se enorgullecía de que en una finca de su propiedad, donde se celebraban semanalmente fiestas que reunían a los más importantes empresarios y políticos del país, nunca había entrado una mujer". Vaya por Dios. Reproduzco, en fin, las líneas finales:

"La historia termina (...), años después, en la década del 60, con Lino Novás Calvo convertido en uno de los escritores cubanos contrarrevolucionarios residentes en Miami y jefe de redacción de Bohemia Libre, y la finca de Quevedo, en la que se prohibía la entrada a mujeres, transformada en el primer campamento de jóvenes revolucionarias que pasaban su instrucción como milicianas: el Batallón 'Lidia Doce'".

Voy a decir como Rita Montaner: mejor que me calle, que no diga nada. Quiero, sí, precisar un error. Ya sé que un "escritor contrarrevolucionario" como Novás Calvo no merecía el esfuerzo de confirmar la información, pero la verdad más verdadera es que nunca residió en Miami. Llegó a esta ciudad en septiembre de 1960, y en diciembre ya se había mudado para Nueva York, donde vivió hasta su muerte en 1983. Y en cuanto a la poca simpatía por los homosexuales que destilan los comentarios sobre Quevedo, parece ser un problema crónico en Norberto Fuentes.

El año pasado, en las palabras que redactó para la exposición Ojo X Ojo, de Aldo Menéndez, expresó:

"Acabemos de llamar las cosas por su nombre. Entre un Aldo Menéndez ataviado como un Beatle —en un país donde las melenas no eran una moda en los 60 sino una ofensa política—, y buscando una tendencia donde moverse, y buscando después una pared donde colgar cualquiera de sus cuadros, y un René Portocarrero, la vieja morsa a la que se le permitía respirar mientras se le abastecía de pinceles, pigmentos y raciones adicionales de chocolatinas y cigarrillos rubios Visant, y podía hasta vivir en relación de matrimonio con su pareja, el aburrido y lánguido Raúl Milián, la Revolución Cubana siempre prefirió a Portocarrero".

Como dicen los gringos, no comment, mis queridos amiguitos y amiguitas.

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   READ REVIEWS OF PEDRO BLANCO EL NEGRERO

 

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RECORDING FOR THE BLIND OF EL NEGRERO IN SPANISH

http://www.nodo50.org/utlai/nov2003.htm

 

  

Entre La Provincia y el Mundo:

      Modernidad e Innovacion en la Narrativa de Lino Novas Calvo

 Doctoral Dissertation by Carlos Espinosa

Crossing borders: Lino Novas Calvo's 'Trinqquenme ahi a ese hombre!

 EL NEGRERO : Book Review in Library Journal                              

 There is some evidence that the first crime stories were written by Lino Novas Calvo in the 1940s, given the existence of a 1995 publication edited by Jose Fernandez Pequeno entitled Narraciones policiales/Lino Novas Calvo (Police Narratives of Lino Novas Calvo, Santiago de Cuba, Editorial Oriente).

En Galicia, La Fundación Ortegalia recuerda a Lino Novás Calvo con una muestra y un cortometraje dedicados al escritor:   

Una exposición organizada por la Fundación Ortegalia en torno a la figura del escritor de Mañón Lino Novás Calvo, considerado por la crítica como uno de los grandes renovadores de la literatura hispanoamericana. La muestra hace un recorrido por la vida de Novás a través de paneles, un audiovisual y cedés interactivos.

Lino Novas Calvo es, quizás, el más grande cuentista cubano, aunque nacido en Galicia.

 MEMORIA DE LA MITOMANIA: CENTENARIO DE ALEJO CARPENTIER

ENRICO MARIO SANTI Especial/El Nuevo Herald: “Yo lo hallé y se lo mandé a Gastón,'' me confesó. ''Carpentier era el mentiroso más grande del mundo.” Conversando un día con su amiga Herminia del Portal, viuda del escritor Lino Novás Calvo

 

 

  Modalidades Ironicas en el cuento No Le Se Desil por Lino Novas Calvo

 

  http://www.cubaliteraria.com/autor/lino_novas_calvo/obra6.html

         Homenaje a Lino Novás Calvo

                    Aproximaciones al tema de la esclavitud en Pedro Blanco, el Negrero, de Lino Novas Calvo

              LINO NOVAS CALVO EN LOS TRASPATIOS   Galeria de imagines Lino Novás Calvo

     

        The Cow on the Rooftop by Lino Novas Calvo, in which a mother kills a son over food.

          

Un anticomunista en La Habana

Rafael Rojas, El Nuevo Herald

“La verdadera apertura cultural cubana, como sabemos, sólo podrá producirse luego de una transición a la democracia. Cuando ese momento llegue, la reivindicación de autores de la república y el exilio no implicará el escamoteo de la ideología política a cambio del reconocimiento literario y, junto con Poemas invisibles, Pedro Blanco, el negrero y El Monte, se reeditarán los lúcidos ensayos anticomunistas de Gastón Baquero en el Diario de la Marina, de Lino Novás Calvo en Bohemia Libre y de Lydia Cabrera en Mariel.”

“Es lo que ha pasado con Lydia Cabrera, Lino Novás Calvo y Gastón Baquero. Todos sus libros han estado prohibidos en Cuba y ahora que están muertos sus autores, los reclaman como del dominio público.” ENTREVISTA A GUILLERMO CABRERA INFANTE 

 

 

 

Description: Description: Description: http://www.cubaencuentro.com/images/ConojosdelectorSub.gif                                                                     Parte 1/2

Polemiza, que algo queda (III)

Description: Description: Description: http://www.cubaencuentro.com/images/Pixel.gifEn 1945, Lino Novás Calvo y Cintio Vitier protagonizaron una poco conocida y respetuosa polémica sobre los vínculos de la poesía con su circunstancia histórica.

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por CARLOS ESPINOSA DOMíNGUEZ, Farmville

 

Voy a empezar señalándolo: lo que suele abundar en las polémicas literarias entre cubanos no es la confrontación ecuánime de opiniones, el diálogo razonado, el debate que sabe guardar las formas. Muchas veces, la falta de argumentos para responder al oponente provoca que se acuda a las injurias y las alusiones personales. En tal sentido, todo es permitido, todo vale. Hay, por fortuna, polémicas que nada tienen que ver con esto. Entre ellas, quiero referirme en esta oportunidad a una escasamente conocida. La que sostuvieron el narrador Lino Novás Calvo (1903-1983) y el crítico y poeta Cintio Vitier (1921), desde las páginas del diario Información. Localizarla resultó una tarea especialmente ardua, debido a que fuera de Cuba no existen colecciones ni microfilmes de ese periódico. Pude por fin conseguir una copia de los textos gracias a la generosa colaboración de la investigadora Cira Ramiro, a quien debemos agradecer la valiosa labor de rescate de la obra del autor de La luna nona que desde hace años viene realizando.

 

En 1945, Cintio Vitier publicó su cuarto poemario, Extrañeza de estar, que al igual que los anteriores lleva el sello de la imprenta Úcar, García. Por esos años, Novás Calvo colaboraba regularmente en Información, una de las tantas actividades que se vio obligado a hacer para sobrevivir. En marzo de ese año, escribió un trabajo que toma como punto de partida el libro de Vitier, que apareció con el título El estar en nosotros. Más que una valoración del poemario, lo que hace Novás Calvo es reflexionar sobre algunas cuestiones que su lectura le suscitó. Así, señala que "cuando se haga el examen crítico de la poesía cubana más reciente se descubrirá enseguida, en un sector significativo, algo así como un repliegue angustiado del hombre a la oscura intimidad de sí mismo. Esta manifestación tiene, sin duda, mayor alcance del que, desde otros planos, hemos sabido descubrir hasta ahora". Y añade: "Quisiera yo que pudiéramos, los no poetas, interpretar ese movimiento con ‡nimo sereno y afán de comprensión. No me interesa aquí su mensaje de belleza, sino su señal histórica".

Pasa entonces a ejemplificar su punto de vista con Extrañeza de estar, y expresa: "No quiero —no podría— juzgar críticamente, por ejemplo, el œltimo libro de Cintio Vitier, atendiendo al caudal puro de su poesía. Me inquieta, en cambio, poderosamente, su posición de alma, su manifestación filosófica, porque sé que no es rasgo suelto e inconexo, sino que forma parte de toda una migración de juventud hacia una estadía espiritual donde aspira a encontrar amparo para su ser más profundo. Es como una emigración espantada hacia la intimidad tenebrosa de sí mismos, por los caminos sumergidos de la comunicación mística, que llegan hasta los Místicos".

Se pregunta por las causas de lo que llama regreso herido ("herido de política, herido de relumbre, herido y horrorizado del encuentro con realismos invencibles de nuestra historia"), y comenta que no puede ser "un capricho ni una fuga pusilánime". Vuelve luego al poemario de Vitier, y expresa: "No comparto en modo alguno ese estar; me desasosiega su extrañeza. Aunque visto con avidez de personalidad, de nacionalidad coherente, de destino, no puedo menos de sentir que su expresión de renuncia al contorno y de afirmación sumergida tiene su condicionamiento en actividades temerosas y que nos envuelven".

Novás Calvo anota que no resulta difícil comprender por qué "un importante volumen del talento y la sensibilidad nacientes desciende a la clandestinidad". Admite que su propósito no es distinto del de quienes se afanan por "crear un destino, forjar un estado, vigorizar una nación, preservar y aumentar un carácter". El problema radica en los caminos tan distintos que unos y otros siguen. Y al final escribe: "Por eso me inquieta y perturba —porque comprendo que es una repulsa a muchos postulados que rigen nuestras formas culturales del momento. Supone, entre otras cosas, una dolorosa y dolorida resta a las corrientes que nos están llevando, sin que, por otro lado, supongan la creación de corrientes autónomas hacia adelante, al ritmo de la historia".

El 1 de abril, Novás Calvo publicó en el mismo periódico el artículo Carta abierta, donde reproduce fragmentos ("su parte más esencial") de una carta que le dirigió el autor de Extrañeza de estar, y que él califica de "ejemplar por su limpio y elevado tono". La respuesta de Vitier comienza: "Su tesis de que la presente generación de poetas cubanos se define por la fuga y espanto ante la circunstancia político-social, ante eso que usted llama con un término de exacta precisión los realismos, me parece falsa y apresurada. Y no porque yo piense que semejante circunstancia carezca de sentido ni deje de merecer el más hondo desvelo de nuestra conciencia. Lo que yo pienso es que la poesía no representa nunca una reacción ante el medio social, sino ante una realidad de alma que lo abarca y lo ilumina, y que cuando los poetas en el seno de una sociedad lucen exclusivamente apartados, excéntricos o extravagantes, es la sociedad la que vive fuera de sí, fuera de su historia y de su tradición más profunda, en un tiempo de enajenación que sólo la poesía, por su voluntad de apego entrañable al substrato del alma común, puede salvar e incluso expresar".

No niega Vitier que la irrealidad circundante pueda influir en los jóvenes poetas. Pero sostiene que cuando alguno logra "ensimismarse y recogerse conmovido ante la eterna realidad poética del mundo y de su mundo, de su isla, ese ensimismamiento no está huyendo ni está negando su espíritu a la tarea del amor militante. Antes bien en la medida que le sea dable, cumple con su misión, su vocación, su militancia, y la entrega de su ser más útil a la obra de todos". Recuerda que si la tarea metafísica del poeta consiste en dar una visión y un testimonio de la Realidad, "su tarea histórica no puede consistir en crear o enriquecer una intimidad, una tradición o un estilo". Por tanto, debe reprochársele que se disperse o artificialice, pero no que "se ensimisme, se recoja, que se reserve para la consumación de una forma que quizá ha de trascenderlo y sembrarlo en la tierra común".

Vitier reconoce que el artículo de Novás Calvo es "noble y fervoroso como suyo". Pero considera que sus juicios están lastrados por "esa obsesión que han dado en llamar función social del arte. Y desde luego que tal función existe, sin dudas con mayor magia y fecundidad de la que sospechamos, pero también es obvio que mientras más lleno de sociología o de política se nos aparezca el arte, menos función social podrá ejercer". Apunta que esa confusión se deriva quizá "del hecho de que muchos artistas, incluso artistas geniales, se fijan, para la encarnación fáctica de su obra, en asuntos o realidades históricos". Y concluye: "Ni religión (en el sentido político de la palabra) ni política (en el sentido exterior) tiene que hacer el poeta; y ya se ocupe de las más huidizas metáforas como de los más familiares paisajes, su puesto normal no está nunca en la pintoresca torre de marfil ni en la turbia resaca exterior de la historia, sino simplemente a la intemperie de su alma, de su intimidad. Allí sirve como puede y ayuda cuanto puede".  

 

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Lino Novas Calvo’s translation into Spanish of Hemingway’s

The Old Man and the Sea, published by Random House in 2005

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                Lino Novás Calvo, o home que chegou a Cuba de ningún país

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Intelectuales, políticos y artistas condenan

los juicios por delito de conciencia en Cuba

Presencia cubana en Estados Unidos

(Lino Novas Calvo and Himilce Novas mentioned)

http://webs.ono.com/usr013/latinosUSA/introduction1.htm#presencia

 

                                                                                                              

    

 

 

LE NÉGRIERDescription: Description: Description: couverture

 

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Orphelin de père, Pedro Blanco, né à Malaga en 1795, bénéficie de la protection d’un oncle marin. Doué pour les études, le garçon fait très tôt preuve d’une imagination débridée et d’une curiosité sans bornes qui lui confèrent une aura auprès de ses camarades et inquiètent ses maîtres. Il séduit sa sœur Rosa et, leur amour devenant incestueux, il doit s’enfuir de Malaga, comme passager clandestin. Commence une vie d’errance à travers le monde. Pedro parcourt la Méditerranée occidentale, visite Liverpool et Nantes, est embarqué dans une extraordinaire campagne de pêche à la morue à Terre Neuve … En 1815, il arrive au Brésil, décidé à devenir négrier. Il va gravir tous les échelons de cet implacable système. Ce sont les dernières années de la traite et son interdiction progressive permet aux moins scrupuleux – Pedro en fait partie – de s’enrichir avec d’autant plus de facilité qu’elle bascule vers la contrebande. Las de la mer, Pedro s’installe en Afrique et ouvre son propre comptoir pour fournir en esclaves les bateaux négriers. Il fonde un véritable empire sur lequel il règne en maître absolu. En 1830, il fait venir d’Espagne sa sœur Rosa et, en 1837, voyant le vent tourner sous la pression des pays abolitionnistes, il quitte l’Afrique pour revenir à La Havane avec sa fille et le cadavre momifié de sa sœur morte entre temps.

                                                                                  

 

http://www.martinoticias.com/noticias/opinion/armando_de_armas/Lino-Novas-Calvo-asi-en-el-cielo-como-en-el-cieno-119435009.htmlArmando de Armas

 

                                                                                                                                                            

Lino Novás Calvo: así en el cielo como en el cieno

El escritor tuvo una vida dura en los márgenes de la sociedad y supo crear unos universos de seres marginales, malos, dominados por la angustia, la culpa, el deseo y la violencia.

Armando de Armas / martinoticias.com 07 de abril de 2011

 

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